La batalla del cava. Y la del turrón

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Preocupante, sin duda, la nueva fosa que se ha abierto, esta vez a cuenta del ‘reequilibrio fiscal’ sugerido por Esquerra a cambio de su apoyo a los Presupuestos, entre Madrid y Cataluña. La amenaza de cambiar el régimen fiscal madrileño, que es ya algo más que una amenaza del Gobierno complaciendo a ERC, ha puesto en pie de guerra a la presidenta de la Comunidad madrileña, Isabel Díaz Ayuso, quien ha prometido ser “la peor pesadilla” para quien se atreva a “tocar el bolsillo de los madrileños”. Y ojalá esta sempiterna batalla entre las dos Comunidades más ricas y significativas de España fuese la única que cuartea a la España autonómica. Porque lo peor, temo, está por llegar.

Naturalmente, no quiero cansar al lector ofreciendo números y datos comparativos acerca de lo que Cataluña y Madrid aportan respectivamente a las arcas del Estado, cuánto dan y cuánto reciben. Es una muy vieja polémica que se ha sustanciado incluso en intentos de boicot a los productos del otro en la Comunidad del uno, aquella vieja y pensábamos que ya olvidada ‘guerra del cava’. Lo único que digo es que, aun entendiendo que hay que reformar la financiación autonómica y el equilibrio fiscal territorial, que padece enormes desigualdades, tal reforma no se puede hacer bajo la imagen de que está impuesta desde una formación que, como ERC, es enemiga del Estado tal y como hoy lo concebimos.

El afán por sacar adelante los Presupuestos no puede justificarlo todo, porque las consecuencias de esta confrontación territorial, derivada entre otras cosas de las exigencias de la formación separatista catalana, habrán de pagarse caras. Nos estamos asomando, sin más, al abismo del fin del Estado de las autonomías en su formulación actual, y verdad es también que muchos años de mirar hacia otro lado ante desequilibrios, cuentas falsas y cuentos de la lechera están abocando todo hacia ese estallido.

Mírese, si no, lo ocurrido en el combate contra el virus, que se ha asemejado a un ejército de Pancho Villa en cuanto a la adopción de medidas en unos u otros lugares y que promete ser un auténtico caos ante unas fiestas navideñas que nadie parece saber muy bien ahora cómo reglamentar: habrá, me temo, diecisiete regulaciones diferentes y no sabremos los ciudadanos a qué carta quedarnos. Con lo que sospecho que muchos se sentirán tentados de saltarse las reglamentaciones múltiples a la torera, con el consiguiente peligro para nuestra salud.

Y espere usted un momento, porque viene lo más gordo. El reparto de los fondos europeos. Hablaba yo este jueves con el consejero de Hacienda y Financiación Europea de la Junta de Andalucía, Juan Bravo, a quien expuse mis temores de que la rebatiña por los aún no percibidos fondos europeos ‘de reconstrucción’ empeore más la relación entre los territorios autonómicos. Máxime ahora que el Gobierno ha decidido que será él y solo él, a través de una ‘comisión interministerial’ –integrada por todo el Consejo de Ministros, por cierto, lo que no deja de ser peculiar–, quien reparta esos fondos a las Comunidades. No me tranquilizó nada el señor Bravo, que me dio la razón, informándome de que aún se desconoce el reglamento y el método o los criterios en los que se basaría tal distribución. O sea, que estamos como en ‘Bienvenido mister Marshall’, repartiendo dineros que aún no han llegado hasta nosotros.

Verá usted la que se va a armar. Por si no tuviéramos ya bastante con la guerra del cava. Y la del turrón. Y la de... bueno, digamos que aquí sigue un largo etcétera.

La batalla del cava. Y la del turrón