POLVAREDA INJUSTIFICADA

|

“Desde la institución hemos propugnado siempre que habrá que hacer recortes; que serán necesarios. Pero en determinadas materias sociales que afectan a los principales derechos de la persona como pueden ser la dependencia, la sanidad y la educación, habría que hacer, en todo caso, los mínimos; más aún, los imprescindibles y cuando no haya otro remedio. Porque estamos hablando de unos derechos fundamentales para la vida diaria de la ciudadanía y para la defensa y salvaguarda de los mismos”.

Este fue, al pie de la letra, el pasaje de la intervención en el Parlamento del Valedor do Pobo, Benigno López, que tanta, tan incomprensible y tan desproporcionada polvareda ha levantado. Ahí está transcrito en la página web de la institución para quien quiera comprobarlo. Sólo el sectarismo habitual y segundas intenciones subyacentes pueden explicar cómo se ha logrado desvirtuar lo que fue una apuesta por el mantenimiento de los tres pilares del Estado del bienestar en esta época de crisis. Y algo muy parecido podría decirse de lo afirmado sobre la ley de dependencia.

Inicialmente, ni la oposición ni los medios escritos que siguieron en directo la sesión advirtieron en las palabras de Benigno López nada susceptible de escándalo. Y así fue hasta el punto de que, al día siguiente, los periódicos no dieron ni una mísera llamada en primera página sobre la comparecencia parlamentaria en cuestión. Luego, al día siguiente, PSOE y BNG montaron la gresca. Lo que sucede es que a Benigno López socialistas y nacionalistas le tenían ganas. Han aprovechado la oportunidad ahora surgida, pero ya andaban tras él desde hace tiempo por haber osado rozar en materia lingüística alguna de esas líneas rojas que ellos establecen como dogmas de fé.

En un alarde de fariseísmo, izquierda y nacionalismo han alegado que el Valedor no puede ni debe opinar. Me imagino, no obstante, que si Benigno López hubiera apostado por unas políticas de menor austeridad económica o hubiera proclamado eso de “Galiza, nazón”, unos y otros estarían todavía a estas horas aplaudiendo con las orejas.

En todo caso, se trataba de una opinión sin alcance alguno en la práctica. Pero, por lo que se ve, ni el ejercicio de la libre expresión gusta a estos teóricos liberales progresistas. Por tanto, habrá que concluir que lo que les disgusta no es tanto que el Valedor opine cuanto que no opine lo que ellos quieren.

Nada nuevo hay, sin embargo, en todo esto. A la izquierda no le han gustado nunca Defensores, Valedores o presidentes de instituciones que no practiquen el voto de obediencia. Recuérdese, si no, la soledad en que dejaron al socialista Enrique Múgica o los vetos que mantienen al largo aspirante Francisco Vázquez. Y es que ya se sabe: o controlan las instituciones o las bloquean.

POLVAREDA INJUSTIFICADA