Tito Casares. El justo reconocimiento a su legado

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En la mañana del pasado día 6 no se hablaba de otra cosa… Había fallecido mi tío Demetrio Francisco Casares Vich, siempre conocido por Tito, para diferenciarlo de su padre, apodo que continuaría el resto de su vida.
Había nacido hace 67  años de edad en la casa familiar de Amboage en el seno de una de las familias más destacadas del Ferrol del siglo XX,  ligada desde antaño a la Orden de los Servitas. Tuvo una infancia peculiar marcada por la omnipresencia de su abuelo, Javier Casares Bescansa, Siempre bajo la alargada sombra de su padre, Don Demetrio, que sería el gran continuador del legado familiar y su cara visible, toda una institución en la ciudad. Los últimos tiempos de Demetrio al frente de las cofradías  no se habían caracterizado por la gestión diligente de los recursos. Tito ya tenía cierta edad  e intentó tomar la batuta de su padre en el mundo de las Cofradías, un mundo que conocía desde dentro y al que parecía estar destinado.
Sin embargo sus tiempos no eran los de su  padre.  En los convulsos 70-80  una amalgama de factores parecieron confabularse, las cofradías en mala situación, la laicización de la sociedad y un extraño devenir en la iglesia católica , ( para algunos producto de las disposiciones conciliares y para otros ecos de la teología de la liberación ). La que había sido la Semana Santa más importante y brillante de todo el Norte peninsular y única en Galicia estaba abocada a una irremediable desaparición.
Tito fue todo un titán luchando contra los elementos, contra viento y marea y sacando fuerzas de flaqueza. Cofradías que desaparecían, sacerdotes que se negaban a acompañar a los pasos y ciertas medidas del obispado con sabor a vendetta de obligar a los capuchones a procesionar a cara descubierta,  algo contranatura a la idiosincrasia de Pasión ferrolana y  lo más importante sin subvenciones por parte del Ayuntamiento. Pero si había algo que le caracterizaba a Tito era su pasión , su capacidad de convicción, encanto en las distancias cortas  y cierto ingenio para “ aviárselas” en el tema cofrade … y movía Roma con Santiago o llegaba a hacer extraños tejemanejes algunos censurables… pero todo en aras del mantenimiento de la Semana grande de Ferrol.
Para él el fin justificaba los medios y los errores cometidos y reconocidos por él en este sentido los últimos años oscurecieron su gran labor... Una labor que marcaría una nueva etapa distinta, moderna y más participativa que nunca y que se convertiría en la seña de identidad más importante de Ferrol.
Una de estas medidas sería la retransmisión televisiva de la Semana Santa y la segunda y capital la incorporación de las mujeres que sería no sólo el necesario balón de oxígeno, sino el espaldarazo definitivo, a todo esto supo captar a la juventud y nunca faltaron jóvenes ferrolanos de ambos sexos para portar los “tronos”. José Piñón comentaba cómo en esas primeras retransmisiones salían con la Virgen de la Esperanza una multitud de capas verdes llevadas por todas aquellas niñas que viendo a sus padres y hermanos algún día soñaron con participar de forma activa con su Dios y su Virgen en la calle. Salían tantas que los cámaras llegaron a llamarlas “ la marcha verde”… . Montse Ruiz recordaba que había sido Tito quien lo hizo posible,  no sólo para ellas, sino para todas las demás mujeres que procesionan hoy y las que vendrán en un futuro.  Fue su firme apuesta de renovación y revitalización. 
Habría que recordar que en su impulso  liderando  las Cofradías de Dolores estuvo también el de conseguir  los “tronos” que hoy están en uso obra de la firma Cándido Hermida. Fue también el período en el que se experimentó el mayor aumento de tercios y de cofrades y procesiones.
Tito estuvo al frente de la Cofradía de la Virgen de Los Dolores y Cristo de la Misericordia hasta que cesó al frente de ella por motivos organizativos.  Se dedicó entonces a otro aspecto de la  tradición familiar : los “belenes”. Aprendió  del que tradicionalmente se instalaba en la sala de juntas de la iglesia de Dolores y pasados los años se dedicó  a organizarlos en el centro comercial  La Rosaleda, en A Coruña, el antiguo Cine Avenida ferrolano, Mercado  de Recimil, o este pasado año en Piñeiros, Narón.
Aunque las críticas que acarrearon sus actuaciones le harían retirarse de la primera fila del mundo cofrade,  nadie pudo decir que tuvo un ánimo de lucro personal ya que siempre vivió de forma modesta y  murió con un exiguo patrimonio. Y lo más importante, no sólo continuó el legado de su padre y abuelo, sino que lo salvaría para la posteridad y lo encauzaría  para convertirse en la Semana Santa de Interés Turístico Internacional que es hoy,  lo que sería su gran legado a la ciudad. Sus hijas y su mujer pueden estar orgullosas. Dios le guarde y que su Virgen de los Dolores, en cuyo seno fue bautizado en brazos de mi madre Isabelita Casares, le acompañe.

Tito Casares. El justo reconocimiento a su legado