Los sudarios y las mortajas no tienen bolsillos

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Cuando viajo suelo visitar los mercados y los cementerios de los lugares a donde me desplazo, para ver como vive y como mueren sus gentes. Las dos cosas más importantes que le pueden ocurrir a los seres humanos en su paso por la tierra, quizás las únicas importantes, son vivir y morir. Realmente la vida lleva de forma inexorable a la muerte y quizás la muerte lleva a otra vida.
Visitando hace muchos años el cementerio de una localidad andaluza contemplé en su puerta de entrada un letrero que decía “Recuerden los que aquí entran que los sudarios no tienen bolsillos”.
También hace tiempo, como aficionado a la novela negra, leí uno de los mejores trabajos de este género con el mismo título, “No pockets in a shroud” del norteamericano Horace Mc Coy. Últimamente esta frase la repite con cierta asiduidad en sus intervenciones públicas el Papa Francisco.  
En la Costa da Morte, muy ligada a mi vida y donde pasé varias temporadas, tuve ocasión de conocer una historia alrededor del “traxe da viaxe”.
Como en otros lugares de Galicia, en la comarca era habitual que los hombres de cierta edad tuviesen preparado un traje de tonos oscuros como mortaja para cuando  llegase el momento.
En cierta ocasión una viuda demoró el entierro de su marido hasta que le cosieran los bolsillos de su “traxe da viaxe”, porque “o seu home non tiña por que se levar nada deste mundo”.
“Los sudarios no tienen bolsillos” es una frase que todos, incluidos políticos, jueces, banqueros y sindicalistas (los miserables Cuatro Jinetes de la ApocaCrisis de este país), deberían llevar grabada en su mente. Pero en esta ocasión quisiera referirme a unos inefables personajes de la Ciudad Ensimismada o sea Ferrol; aquellos que se dedican a coleccionar y guardar la información cultural e histórica de forma privada, prefiriendo morir con su posesión antes que divulgarla o cederla a otros para que la den a conocer a sus contemporáneos.
Por el contrario, hay otros ejemplos de personas en posesión de archivos y documentación de carácter histórico que, unas veces en vida y otras a su fallecimiento, el propio interesado o su familia generosamente la ponen a disposición de entidades oficiales o culturales; hablamos de documentación histórica y de uso general, no aquella de índole particular o específicamente familiar.
Esta fue la buena práctica habida en los vecinos Concellos de Neda, Narón y Betanzos, donde se dispone de los archivos de investigadores y estudiosos como Vázquez Rey, Souto Vizoso y Vales Villamarín. En cuanto a Ferrol, ya que no se evitó que saliesen de la ciudad las colecciones documentales de Carballo Calero y Torrente Ballester,  al menos parece una buena noticia la donación del legado Rubia Barcia a la Biblioteca Municipal, según leo en la prensa.
Igualmente esperamos que algún día Ferrol pueda hacerse con la interesante documentación que conserva la familia de un conocido cronista que fue de la ciudad.       
En mi caso particular, para mis trabajos sobre temas históricos de la ciudad, a veces he tenido la necesidad de pedir alguna documentación o ilustración antigua a determinada persona que disponía de ella.
Así como en varias ocasiones personas amigas y colaboradoras pusieron esa documentación a mi disposición, otras muchas veces se me negó la información solicitada, incluso con respuestas dentro del género de “¿ E ti que me das ?”.
Hablo de conocidas personas particulares de Ferrol y sus alrededores. No me gusta citar nombres en plan negativo, que además ocuparían demasiado espacio en estas líneas.
P.S. Es preocupante la política de puertas cerradas, incluso de forma material, y de aislamiento de los ciudadanos a que están sometiendo al Alcalde de Ferrol una serie de personas que le rodean, tanto de Protocolo y Gabinete como de Prensa, Secretaría y Conserjería. A mi avanzada edad he viajado mucho, he visitado a diversas personas, alguna de cierta importancia, y nunca contemplé nada parecido al desconsiderado trato al visitante que observo en la Alcaldía de Ferrol. El prestigio del Alcalde no debe depender de estas personas.
jjburgoa@hotmail.com

 

Los sudarios y las mortajas no tienen bolsillos