Pobreza moral

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Seguramente es inevitable que la opinión pública haga juicios de valor sobre hechos tan espeluznantes como la muerte de la pequeña de Santiago. Seguramente porque es inevitable sentir escalofríos ante ese terrible acontecimiento. Pero también es seguro que sería perfectamente evitable convertir tan horrendo suceso en el culebrón de serie B con el que cierta prensa amarilla pretende hacer el agosto. Sin conocimiento real de la causa, porque todavía se está investigando, no hay día sin que esa prensa emita su veredicto guiada por la tara morbosa de elevar a titular los instintos más bajos de la especie humana ventilando sospechas, hipótesis y detalles a cambio de hacer caja con una investigación que debiera centrarse en los juzgados hasta la sentencia. Es evidente que el caso es insoportablemente dramático para quien tenga una mínima sensibilidad humana. Por ello nunca debiera convertirse en un producto de consumo morboso porque la sagrada libertad de información no ampara ningún derecho a especular a cambio de hacer “cash”. La presunción de inocencia, esencial en cualquier Estado de Derecho, no puede ser pisoteada hasta tan depravado extremo. Y el secreto de sumario, tan necesario en determinadas investigaciones, no puede convertirse en un dantesco espectáculo propio del Gran Hermano donde a golpe de portada cualquiera puede ser juez, parte, testigo y hasta víctima. Y todo ello sin que quienes tienen la custodia de la investigación ni respondan ni se pongan colorados. Estamos ante un espectáculo vergonzoso y bochornoso. Ante pura carnaza para llenar vidas vacías. Ante la inmoral mercantilización del sufrimiento por parte de una prensa ávida de vender de todo sin cuestionarse nada. Ya va siendo hora de que este país se cuestione el Estado de pan y circo en el que algunos nos quieren convertir. Porque el Estado de Derecho no es ninguna declaración vacía. Porque nadie debería mercantilizar el sufrimiento de nadie poniéndole precio. Porque nadie digno de ser humano debería comprarlo. En definitiva, porque un país superficial, frívolo, de vergüenza y bochorno por sucumbir a la peor de las pobrezas que es la moral, un país de pandereta, nunca llegará a ser un país serio habitado por ciudadanos libres, iguales, responsables y dignos.

Pobreza moral