BRUSELAS BAJO FUEGO

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Una vez más volvieron a actuar. Aunque se esperara. La dinámica fue la de siempre, un acto brutal, demencial. Nos referimos al atentando que sufrió la capital belga, el corazón de Europa. La situación creada nos indica que posiblemente no sea el último.
La realidad es que estamos en guerra. Es una guerra global, dirigida contra la humanidad, contra la civilización. ¿Qué hacer para enfrentarse a este nuevo enemigo? La respuesta no es fácil. Hay que tener en cuenta que estamos frente a un enemigo diferente, invisible, que además se mueve a escala planetaria. 
La vida para sus seguidores no vale nada, no cuenta, lo cual los hace mucho más peligrosos. Ellos creen que inmolándose se han ganado el cielo, que van directos a un paraíso en el cual les esperan 72 mujeres vírgenes para cada uno. Parecen pensamientos extraídos de un módulo psiquiátrico. Sin embargo, son una lamentable y terrible realidad, una realidad con la cual nos ha tocado vivir.
Pero, ¿cómo apareció este enemigo? Es la pregunta del millón. No es fácil encontrar la respuesta verdadera. De todos modos, las intervenciones de Occidente, que se extienden desde Afganistán hasta el norte de África, han sido nefastas, tanto, que han generado radicalismos que eran desconocidos hasta ahora. 
Desde el principio se sabía que esas acciones eran arriesgadas, peligrosas, además de injustas. Aunque pocos se atrevían a criticarlas. Por otro lado, mientras los atentados y la destrucción ocurrían fuera de las fronteras europeas –en Irak, Siria, Libia y en otros lugares– a nadie le preocupaba. Parece que las víctimas al no ser europeas tenían menos valor, importaban menos. Hay un dicho popular –casi infalible– que reza: “cuando veas las barbas de tu vecino arder, pon las tuyas en remojo”. Gran verdad. Lo que parecía lejano ahora lo tenemos en la propia casa.  
La realidad es que se ha utilizado el yihadismo como arma militar, lo cual es lamentable, para desplazar del poder a gobiernos que no gustaban, por la simple razón de que no se ceñían a ciertos intereses. Lo de acabar con algunos dictadores para llevar la democracia a sus países fue simplemente una tomadura de pelo. 
Detrás de esa argucia se escondían otros intereses que nada tenían que ver con la libertad. 
Hoy pocas personas se lo creen, al menos las que están razonablemente informadas. Siria fue un vivo ejemplo de cómo se utilizó el yihadismo para intentar derrocar a Assad. 
Lo curioso es que esa idea estuvo vigente hasta el mismo día en que empezó la intervención militar rusa, después todo cambió. Algunos empezaron a dar marcha atrás, y en un acto de cinismo sin precedentes cambiaron sus planes, sumándose a la lucha anti-terrorista. 
Al principio del conflicto sirio, se suministraron armas a una oposición que no se sabía quiénes eran terroristas y quiénes  opositores. Pero eso parecía importar poco. Lo curioso, aunque en principio puede resultar hasta paradójico, es que la Francia del señor Hollande –¡un socialista!– fue uno de los  proveedores de armas a la oposición siria. 
En todo caso, ya es demasiado tarde para lamentarse. Las políticas de algunos gobiernos occidentales para el Medio Oriente fueron tan nefastas que sus resultados saltan a la vista. Pero el daño está hecho. Occidente, junto con Rusia, China y otros países, tendrá que buscar una fórmula, un método eficaz para luchar contra este brutal enemigo. 
Aunque la opción de recortar libertades, de militarizar la sociedad, o de llevar a cabo bombardeos indiscriminados, que son las vías más fáciles, las que casi siempre utilizan los gobiernos y los políticos mediocres, no resolverán el problema. Si las potencias globales no son capaces de establecer una agenda común, sin trampas, lo cual significa que deberán aparcar sus diferencias, entonces la lucha será inútil, estéril. 
Así que, no hay muchas opciones. La realidad es que mientras no se lleve a cabo una política de pacificación y de apoyo económico a los países destruidos, en los que la UE tuvo parte, ningún plan funcionará. La solución, tanto al radicalismo islamista como al problema de los refugiados, pasa por ahí. 
 

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