Ocurrencias

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No pasa un día en que los políticos de este país no nos sorprendan con alguna ocurrencia. Resulta que el presidente del Gobierno se le ha ofrecido a Donald Trump para mediar ante la UE y América Latina. Increíble.   
Antes que nada situémonos. Una superpotencia –como lo es EEUU–  no necesita de los “excelsos” servicios de nadie para hablar con la UE, que por otro lado es un  grupo de países que ni siquiera se ponen de acuerdo entre ellos. Y en cuanto a los países latinoamericanos hay que decir que España apenas tiene influencia en la región. Sus relaciones nunca han sido precisamente de hermandad, por lo tanto, su peso político allí está bajo mínimos. Hace tiempo que dejamos de caminar por “rutas imperiales”, como rezaba la letra de un viejo himno de Falange cuando algunos soñaban con el imperio perdido. Aunque se hable de hermandad iberoamericana cuando conviene, no es menos cierto que esa palabra se olvida con facilidad. Y cuando ocurre, los hermanos se transforman en “sudacas”.
Son pocos los países que mantienen una relación de hermandad con sus antiguas colonias. Primero, porque quedan ciertos resentimientos históricos. Pero es que además España hizo muy poco para tratar de mantener una sincera relación de amistad. De hecho, cuando sus multinacionales desembarcaron en América Latina hace unos años lo hicieron como si aquellas tierras todavía les pertenecieran. No demostraron ninguna dosis de humildad. Por consiguiente, la  influencia desde el Río Bravo hasta la Patagonia de los diferentes gobiernos de Madrid nunca fue relevante; hoy por hoy tiene mucha más China. Los ingleses fueron más inteligentes, puesto que han sido capaces de construir unas relaciones estables y amistosas con casi todas sus ex colonias; su famosa “Commonwealth” lo demuestra.  Y en cuanto a la influencia española en Europa no es tanta como los políticos del establishment nacional intentan hacernos creer. Desde la época de los “Austrias menores” dejó de serlo. Además, no serviría de mucho. Hoy los que hacen y deshacen en la UE son los teutones, ellos son los que realmente mandan. Lo único que pueden hacer los demás es servirles de ventrílocuos. 
Por lo tanto, las pretensiones del Gobierno español de servir como mediador,  además de no tener mucho sentido, son absurdas; sus deseos no casan con la realidad. Pero este es un país que aguanta cualquier relato, por inverosímil que éste sea. Aquí lo absurdo puede alcanzar niveles de seriedad y lo que de verdad interesa puede ser tomado a chirigota. Por mucho europeísmo que invoquen algunos, por mucha modernización existente, la realidad es que seguimos siendo un territorio –como decía Machado– de charanga y pandereta. Un país fiestero para pasárselo bien.
Suponemos que la señora Merkel se estará tronchando de la risa con la propuesta española a Donald Trump. No es para menos. El ofrecimiento de parte del señor Rajoy –hay que reconocerlo– es muy imaginativo, nos sorprendió. En cualquier caso, las relaciones de la UE con la nueva Administración norteamericana caminan por otra vereda, por lo tanto, dudamos que en Washington necesiten intermediarios para hablar con Bruselas. Lo que sí  necesitarán los políticos europeos es “reciclar” sus puntos de vista, básicamente porque lo apostaron todo a la carta “Clinton”. Aunque para ellos tampoco supone un gran esfuerzo añadido cambiar el color político de la piel, no hay que olvidar que son camaleónicos. Sus capacidades de sobrevivencia son para llevarlas al libro de Guinness de los récords. 
Finalmente, hay que reconocer que el presidente del Gobierno, aunque en esta propuesta haya ido demasiado lejos, es un político hábil. Lo ha demostrado hace unos meses, pues sin mover un dedo, solo tuvo que sentarse en las gradas del coliseo ibérico y esperar que sus adversarios se destrozaran, pudo continuar en la Moncloa. Y para eso hay que poseer, además de ciertas agallas, una paciencia de monje cartujo. 
Cavilamos que la sugerencia que le hizo a Donald Trump es más de índole diplomático-afectiva que otra cosa, su contenido no tiene recorrido real. Somos así de ocurrentes.  
 

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