50 AÑOS Y... ¿HACIA DÓNDE?

|

En Mayo de 1966 nace la Conferencia Episcopal Española, que al igual a las demás, se forma conforme a lo marcado en el Concilio Vaticano II. La CEE es el órgano asambleario de todos los Obispos, (incluidos auxiliares, eméritos y administradores apostólicos), en comunión con el Papa y cuyos objetivos, entre otros, son: tomar iniciativas para fortalecer la vida cristiana, consolidar la comunión eclesial, promover la participación de los laicos en la iglesia y la solidaridad con los pobres. El primer presidente fue el entonces Arzobispo de Santiago, Cardenal Quiroga Palacios.
Por tanto la CEE cumple 50 años y no cabe duda de que le ha tocado vivir momentos trascendentales en el nacimiento y consolidación de nuestra democracia. Tiempos de cambios y convulsos que no fueron fáciles para nadie, y menos para la Iglesia española presidida entonces por el Cardenal Tarancón, después por Díaz Merchán, llamado el Obispo Conciliador, al que sucedió Ángel Suquía, luego Elías Llanes, y por último el Cardenal Rouco con el “ahora tú, ahora yo” compartido con el actual, Cardenal Blázquez.
Los que tenemos la ventaja de la veteranía y por tanto fuimos testigos de la historia, podemos trazar una especie de curva de resultados  en los ejes de coordenadas acción-evangelización de estos 50 años y hacer una valoración de la importancia e influencia en la historia de la CE y, también, donde está hoy nuestra Iglesia; de donde viene y adónde va, si es que va. Reflexionando el resultado quizás lleguen a igual conclusión que yo: ha pasado de ser una Conferencia Episcopal influyente socialmente en su inicios, a una que a duras penas encuentra razones para hacerse sentir o ser necesaria y seguramente concluyan también en que las causas son que ya no evangeliza y no comprende que ha de volver a ello de manera distinta y con liderazgo fuerte, y no solo por normas o maneras excluyentes. No puede evangelizar sin reconocer errores propios en vez de justificarse culpando a los demás. La pregunta es ¿cambiará la CE? Quizás nos pase como a Lázaro, aunque la cesta de la esperanza hace agua por todas partes.
 

50 AÑOS Y... ¿HACIA DÓNDE?