PEQUEÑO GRAN LIBRO

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Un librito pequeño de esos que empiezan: “Llamo al telefonillo”. Una conversación, un encuentro en otro tiempo, 1968, otoño. “Me invita a subir”. París. Son cuatro encuentros que Charles Juliet mantuvo en octubre 1968 y 1973 y en noviembre de 1975 y 1977, con Samuel Becket. El librito o librazo, el tamaño no importa, se llama “Encuentros con Samuel Becket” está editado por Siruela en el 2006. Un escritor difícil, un conversador silencioso y a la vez sonoro, en todo caso controvertido y cuando menos, poético. 
“El silencio se ha apoderado de nosotros y sé que no va a ser fácil romperlo”. “El silencio es tan denso que se podría cortar con un cuchillo”. ¿Habrá un escritor que soporte los silencios más que el escritor de Esperando a Godot? Según se comenta podría estar callado con alguien dos horas e irse sin haber pronunciado una palabra. Becket va desgranando frases que aunque no son literatura, son pensamientos ardientes sobre la vida, son esas palabras que cuando las oímos en otros, adquieren una belleza por cómo están dichas: “Siempre he deseado tener una vejez tensa, activa…El ser que no deja de arder mientras el cuerpo huye…”. 
¡Qué bien dicho! Madame Rooney dijo: es solo su manera de decirlo. 
¿Qué significa este libro en estos tiempos tan ruidosos? Valorar la importancia de las palabras, de un hombre que murió por ellas. Que ellas suenan para venerar el silencio: “La escritura me ha llevado al silencio”. Para preguntarse qué hay que decir. Para Charles Juliet lo que más le llama la atención de Samuel Becket es “la intensidad con la que hace existir lo invisible”. Sencillez de comportamiento, de pensamiento, de expresión. Encontramos también una definición de sabio: “un hombre humilde, sujeto a la intimidad de una permanente pregunta sobre lo fundamental”. 
El libro es una buena fruta, una fruta sin conservantes, es como si ahora aprovechásemos las naranjas para que nos estallen en la boca. Un antídoto  a este frío derroche invernal de palabras: “No tiene ninguna importancia publicar. Hacemos eso para poder respirar”. 
Bueno, después de este paseo, una buena despedida: —Pero, cuando no ocurre nada, ¿qué hace usted? —Siempre hay algo que escuchar.

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