Tiempo de consensos

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Los últimos días del año siempre son aprovechados para echar la vista atrás e intentar analizar lo acontecido durante los pasados 365 días. En las circunstancias actuales, este repaso a modo de inventario puede ser considerado como una especie de masoquismo, puesto que poco puede haber de positivo en un lugar y un tiempo que siguen anclados en la crisis y en el que el desempleo sigue acogotando a buena parte de la población.
Sin embargo, pese a ello, también es verdad que siempre es bueno conocer los errores, tanto propios como ajenos para, en la medida de lo posible, intentar evitarlos. Así, no le vendría nada mal a la clase política, un acto de contrición coincidiendo con la última uva engullida y preguntarse, aunque sea por un minuto, cuál ha sido su actitud para conseguir el extraordinario desapego que la ciudadanía tiene de sus representantes públicos.
Tenemos un Gobierno que parece legislar en contra de lo que quiere la mayoría y que recurre una y otra vez a su mayoría absoluta para sacar adelante sus propuestas sin contar con ni un solo apoyo fuera de los escaños de su color. Y, enfrente, una oposición que se limita a firmar acuerdos por los que se compromete a derogar todas las medidas adoptadas por el Ejecutivo en el momento en el que recupere el poder. Eso sí, con la salvedad de las medidas económicas, en ese punto, silencio sepulcral. Así, los gestos de unos y otros hacen pensar que quedan dos años de mandato a un Rajoy que seguirá haciendo lo que le venga en gana y, tras él, si sus adversarios logran minar su mayoría, vendrán, por lo menos, otros dos años de interinidad de unas leyes que volverán a ser cambiadas.
Demasiado vaivén para un país en el que sus ciudadanos están más preocupados por saber cómo harán para llegar a final de mes que por saber el peso curricular que la Religión tendrá en los expedientes de aquellos alumnos que libremente opten por ir a esa clase. Tenemos unos gobernantes que no han sido capaces de alcanzar un consenso de mínimos, ni siquiera en los momentos más negros, cuando los nubarrones del rescate se cernían sobre el país, así que sería casi un milagro que ahora se lograra para otras cuestiones también cruciales para el futuro del país. Sería deseable, pero se antoja imposible hasta en un tiempo de milagros como el de Navidad.

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