Escribir a mano

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Todos los que nos dedicamos a la enseñanza sabemos que una de las tareas más fatigosas e ingratas del profesor es corregir exámenes. Además de tener que leer una detrás de otra, y sin solución de continuidad, una multitud de respuestas similares más o menos acertadas, está el tema de la letra. No me refiero a la ortografía ni a la expresión gramatical, sino a la grafía; o sea a la forma que tienen algunos de escribir. Los médicos llevan la fama y otros cardan la lana, hay veces que es imposible llegar a adivinar que se nos quiere decir, no hay quien lo entienda. Por suerte los casos extremos son pocos y casi siempre se acaba pudiendo corregir los ejercicios, aunque algunos lleven bastante tiempo. En otro caso, el último recurso es llamar al alumno para que nos lo lea.
Me refiero siempre por supuesto a los exámenes escritos de forma tradicional, no a los de tipo test que son más socorridos o a otros de carácter práctico o experimental. De hecho cada vez son menos frecuentes las ocasiones en que nos vemos obligados a escribir “a mano”, una de ellas son ese tipo de exámenes a que me estoy refiriendo; pero casi todo lo demás va por impresora o en formato electrónico con letras predeterminadas. No soy de los que se apega a la pluma estilográfica como un instrumento venerable, aunque me gusta seguir usándola. Sólo quiero señalar que, hasta hace muy poco, la forma de escribir ha tenido mucho que ver con la idiosincrasia y la cultura de los pueblos.
Pertenezco a una generación que empezamos escribiendo con plumines, allá en tiempos del “parvulario”, y acabamos haciéndolo en el ordenador, también tuvimos que pasar de las copias de papel de calco a la fotocopiadora y, por fin, a la impresora. Siempre recordaré que cuando uno era muy torpe la gente decía que “no sabía hacer la O con un canuto”; ahora habría que decir que no sabe ni encender la impresora.
Sea como sea la expresión gráfica de la escritura a través de los instrumentos tradicionales, desde el cálamo al bolígrafo, son objeto de varias ciencias como la paleografía, braquigrafía, grafología, caligrafía, etc. Todas ellas demuestran la importancia que han tenido los sistemas escriturarios en nuestra civilización.
Hoy, como en tantos otros aspectos de nuestra vida, las máquinas nos han quitado gran parte de este cuidado; lo cual es sin duda un importante adelanto. Hasta la firma electrónica está desplazando a la gráfica, así que los grafólogos tendrán que buscarse otros medios para estudiar los caracteres de las personas.
No sé si todo esto será una exageración, una vez más nos encontramos con unos cambios importantes y positivos, fruto de nuestra era tecnológica. Pero como en tantas otras cosas esperemos que esto no nos lleve a una irreversible deshumanización; los que somos un poco románticos seguimos conservando las apasionadas cartas de amor que escribimos a nuestras novias.

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