Políticas públicas participativas (I)

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Los proyectos ideológicos suponen visiones completas, cerradas y definitivas de la realidad social tal y como a diario contemplamos en el devenir de la forma en que se ejerce el poder en este tiempo de pandemia. En sentido contrario, las políticas públicas participativas propician un mayor consenso social y parten del pluralismo y de la convicción de que todos los sectores sociales son relevantes y de todos se puede aprender.

El objetivo de la participación consiste en propiciar el protagonismo del ciudadano en la vida y en la acción. A pesar de lo que contemplamos a diario, no debiera haber lugar para un nuevo despotismo que conciba la política como una satisfacción de los intereses de los ciudadanos sin contar con ellos en su consecución.

La participación, junto con la libertad, son objetivos públicos de primer orden. Incluso, por su carácter básico, y por lo que supone de horizonte tendencial nunca plenamente alcanzado, podríamos hablar de la participación como finalidad de la misma acción pública en sentido amplio.

La participación política debe ser entendida como finalidad y como método. La crisis a la que hoy asisten las democracias, o más genéricamente nuestras sociedades, en las que se habla a veces de una insatisfacción incluso profunda ante el distanciamiento que se produce entre lo que se llama vida oficial y vida real, manifestada en síntomas variados, exige una regeneración permanente de la vida democrática. Pero la vida democrática significa ante todo, la acción y el protagonismo de los ciudadanos, la participación.

Sin embargo, frente a lo que algunos entienden, que consideran la participación únicamente como la participación directa y efectiva en los mecanismos políticos de decisión, la participación debe ser entendida de un modo más general, como protagonismo civil de los ciudadanos, como participación cívica. 

En este terreno dos errores debe evitar el dirigente. Primero, invadir los márgenes dilatados de la vida civil, de la sociedad, sometiendo las multiformes manifestaciones de la libre iniciativa de los ciudadanos a sus dictados.  Y, segundo,  pretender que todos los ciudadanos actúen del mismo modo que él lo hace, ahormando la constitución social mediante la imposición de un estilo de que no es para todos.

Políticas públicas participativas (I)