Una conquista personal

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La conquista de la libertad es una tarea personal e intransferible que, en algunos momentos, puede ser más dificil porque puede reclamar el ejercicio de la fortaleza, consecuencia de la existencia de convicciones firmes. Por ejemplo, en estos tiempos de tanta manipulación y control social, el compromiso personal con la libertad solidaria  es una aventura maravillosa  que vale la pena experimentar aunque el precio a pagar sea alto.  
 Es bien conocida la cita de B. Shaw sobre la libertad. Libertad implica responsabilidad: por eso le tienen tanto miedo la mayoría de los hombres. No es, ni mucho menos, un gran descubrimiento señalar que una de las principales características que definen el mapa ideológico y político de este  tiempo es el miedo a la libertad. Y, por contra, un calculado y deliberado apego a los espacios del pensamiento único donde domina  lo políticamente correcto o pertinente.  En este ambiente, la censura, sútil las más de las veces, lo constatamos a diario, caracteriza este ambiente de pensamiento plano, unilateral, estático,  y cerrado  que parece imponerse entre nosotros.
En este marco, a veces uno se pregunta, por ejemplo, cómo es posible que con una mano se subraye  la defensa y preservación de los derechos humanos y, simultáneamente, con la otra, se alimenten políticas de limitación de los derechos fundamentales. La razón es bien sencilla: se adopta una posición cómoda desde la que, pase lo que pase, siempre, de forma astuta, se termina  en la cúpula. Y si hace falta renunciar a postulados esenciales, no importa. 
Llegados a este punto, una pregunta. El partido de los que militan en “lo políticamente correcto”, me planteaba hace bien poco una estudiante en un seminario sobre historia de las ideas políticas, ¿no será el equipo de los inconformistas, de los que se definen por un reverencial miedo a la libertad, al pluralismo o al pensamiento abierto, compatible o dinámico?. La pregunta se las trae. Confieso que no es fácil contestar aunque intuyo por dónde puede venir alguna reflexión congruente. Antes,si se me permite, un  consejo: la proximidad o cercanía de la gente joven, intelectualmente rebelde y con ganas de cambiar las cosas, es una buena experiencia en los tiempos que corren. Es el mejor antídoto para no ingresar a  esos ambientes de sumisiónen, tan frecuentados,  en los que la adulación y la alabanza, con ocasión y sin ellas, son las practicas más extendidas. 
Otra característica de este poderoso fenómeno que a tanta gente acerca a la mediocridad es la imposición de la discriminación positiva y la tendencia al fundamentalismo, ese fanatismo que tan bien describiera Holmes: “la mente del fanático es como la pupila de los ojos; cuando más luz recibe, más se contrae”. ¿Por qué? Porque el fundamentalista o fanático ve con tanta claridad lo que le parece lo único posible que no se explica para qué sirve la libertad. 
Jaime Rodríguez-Arana es catedrático
 de Derecho Administrativo

 

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