LOS DESMARQUES DE FEIJÓO

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Ha dicho y repetido el presidente Feijóo que no cree que las elecciones en Galicia vayan a constituir un test o un plebiscito sobre el Gobierno de Rajoy y su política de recortes. Dios le oiga. Se comprende que el titular de la Xunta y aspirante a renovar mandato no pueda ni deba manifestarse de otra manera. Pero me temo que va a resultar inevitable; que bien por acción, bien por omisión será difícil que el elector no deje reflejado su malestar en la convocatoria del 21 de octubre.

Que Núñez Feijóo, diga lo que diga, participa de tales lógicos temores lo demuestra un hecho: los repetidos desmarques que del Gobierno viene practicando desde hace algún tiempo: reforma de la Administración local, atención sanitaria a los simpapeles, proporción de alumnos por clase, tasas universitarias y otros, por no hablar del “sí crítico” que emitió en el Consejo de Política fiscal y financiera (CPFF) sobre el objetivo de déficit para el año que viene.

En realidad, Galicia ha venido siendo la comunidad gobernada por el PP que más distancias ha marcado respecto a la política económica y reformista de Mariano Rajoy. ¿Aireará a su favor Núñez Feijóo tales distanciamientos, planteados ya –pienso– con intención electoralista?.

Con todo, la campaña tendrá otros argumentos no menores. Por una parte, el recuerdo del desastre que fue el bipartito de Touriño/Quintana, fórmula que podría reeditarse en caso de que el PP no lograse la mayoría absoluta. Se trataría de un eventual bipartito más difícil de armonizar y conjuntar que de 2005-2009, pues el BNG que ha quedado después de sus varias fragmentaciones no es precisamente el más dúctil y pactista.

El presidente gallego, por otra parte, no para de recordar que la experiencia de los gobiernos bipartitos o tripartitos “no ha dado resultados en ninguna parte de España y menos en plena crisis económica”, y pone ejemplos como el tripartito catalán, el bipartito gallego (PSdeG-BNG) o el tripartito vasco.

También hay una cierta concurrencia en pensar que esta línea argumental podría ser más efectiva que el balance económico que Núñez Feijóo habrá de exhibir de sus cuatro años de mandato: ser hoy Galicia la comunidad mejor situada para cumplir con el objetivo de déficit y el hecho de que no ha tenido que pedir ni un euro al Estado de los 50.000 millones puestos a disposición de las comunidades entre los distintos fondos y planes.

Así las cosas, ¿será cierto, como presiente Núñez Feijóo, que los gallegos sabrán distinguir “entre lo que hace el Gobierno central y lo que he hecho yo”? Muy mucho me temo que, aunque deseable, no va a ser fácil.

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