La vida es sueño

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Madrugar para aprovechar el día está sobrevalorado, esto es así. Lo digo con conocimiento de causa porque hoy me levanté a las 5.00 a.m y ahora mismo les escribo desde un avión (cada uno hace sus cosas donde le parece) Total, que para cuando me acueste llevaré la tira de horas despierta y casi casi, con lo mal que he dormido, creo que puedo decir que estoy empatando dos días seguidos. Las opciones que tengo son palmarla o volverme inmortal. A ver qué pasa. ¿Qué necesidad hay de hacer estas cosas? Ninguna. Si es que sólo por definición esto es ir contra natura. ¿Hay sol en el horizonte? No. Pues se queda uno en cama y sanseacabó, porque estamos atentando contra la vida, hombre ya... 
No me gusta madrugar. No-Me-Gusta. Y no me fío de esa gente que se levanta como una moto, pone música mientras prepara café y se ducha y salen de casa pegando saltitos y sonriendo al mundo. No me fío, punto. Porque yo hago las mismas cosas que ellos pero bajo a la calle como si estuviese de resaca: cara de asco, gafas de sol, paso desganado... lo que se dice la alegría de la huerta misma, vaya. Que yo hago el esfuerzo porque me pagan por ir a trabajar, si no de qué...
Lo cierto es que soy más de noche. Para mí, deberíamos de levantarnos a las 11 de la mañana y acostarnos a las 3 de la madrugada. ¡Así sí que se aprovecha el día! No pisando la calle cuando todavía alumbran las farolas. Ya no quiero ni oír hablar de esa gente que hasta se levanta pronto en fin de semana. Ojo, ¿eh? Un Domingo –esto es tremendo– saltan de cama raudos para ir a hacer trekking por el monte. O para sacar fotos del amanecer. O para hacer tai chi saludando al sol. Menuda perversión. A mí en el día del Señor me pillan a las 13.00 horas empezando a pensar si ya soy medio persona y arrastrándome por el pasillo. Con calma. Sin forzar. 
Además, he leído hace poco que cuantos más años tienes, menos duermes. Así que yo, de entrada, voy a poner todo de mi parte para conservarme lo más joven posible. Pero les tengo que dejar ya, a ver si me da tiempo de echar una cabezadita antes de entrar en Barajas. 
 

La vida es sueño