Separando la paja

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Imagínense por un momento que algún conocido suyo les cuenta que al presidente de la Xunta le han encontrado un kilo de cocaína escondido en su despacho, pero que la noticia se oculta por los intereses del partido. Imagínense ahora que otro conocido les cuenta que este mismo presidente de la Xunta va a acoger en su casa a cuatro familias sirias. Con la mano en el corazón díganme ahora cual de las dos noticias se creerían antes. Sin llevar a cabo el experimento estoy plenamente convencido de que la noticia de la cocaína ganaría por goleada. Estoy también seguro de que la segunda noticia acabaría deformándose para decirnos que en el fondo el acogimiento es una campaña premeditada para mejorar la imagen de Feijoó. Y es que nos cuesta muy poco creernos las cosas malas y un mundo poder aceptar que haya actos desinteresados. La sentencia de Hobbes de que el hombre es un lobo para el hombre ha calado muy profundamente en la sociedad. Más comúnmente se suele decir aquello de “piensa mal y acertarás”. Por otro lado nos hayamos inmersos en un cambio revolucionario de la información. Vivimos rodeados de noticias y medios que nos facilitan acceder a multitud de fuentes. Nunca antes el hombre tuvo la posibilidad de estar tan bien informado. Pero paradójicamente parece que toda esta oleada de datos nos hace cada vez más perezosos. Nos cuesta mucho contrastar todo lo que a través de las redes sociales nos vierten día a día y hora tras hora. Lo que no nos cuesta nada es darle al botón de compartir. Si sumamos la comodidad con esa tendencia a apostar siempre por lo peor lo que tenemos es que la indignación y la crispación suben enteros en nuestra sociedad. Desconfiamos de los políticos, no nos creemos a los periodistas y vemos maniobras oscuras y planes maquiavélicos de no se sabe bien quien dispuestos a llevarnos al ocaso de la civilización. Siempre optamos por la senda del tremendismo, del apocalipsis. Yo en cambio me niego a creer que todo sea negro, que estemos instalados en la mediocridad o cosas peores. Espero y confío de verdad en que la gente acabe aprovechando toda la potencialidad que nos ofrece Internet para que se produzca un verdadero cambio en la sociedad. Mientras nos tocará enseñar que no todo lo que hay en la red es oro. Aunque a veces te puedas encontrar pequeños diamantes.
 

Separando la paja