Trazos maestros

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Por primera vez en Europa, la Fundación Barrié ha traído a su sede la exposición “Trazos maestros: dibujos holandeses y flamencos del Victoria and Albert Museum”, un recorrido de los siglos XVI al XIX, a través de 90 obras, que dejan patente la maestría alcanzada por el arte del dibujo en los Países Bajos durante este período, y muy especialmente durante el denominado Siglo de Oro (XVII), como, por cierto, sucedió aquí en España.
Una de las características más significativas de esta pintura es la minuciosidad en el detalle y el realismo, sobre todo en aquellos autores que quieren reflejar con fidelidad la vida cotidiana de los campesinos, lo que no excluye un idealizado sentimiento bucólico que puso de moda el Renacimiento italiano; por cierto, que el influjo de Italia, sobre todo de un maestro como Tiziano, fue muy importante en estos artistas.
La visión idílica es visible en autores de la Pre-Edad de Oro: siglo XVI, como Hans Bol (1543-1593), cuyo cuadro “Carreta cruzando una carretera” ofrece una visión apacible del escenario rural, con sus árboles y sus casitas al fondo. Ya en el siglo XVII la representación de escenas populares es visible en artistas como Jan Brueghel el Viejo (1558-1625), cuya obra “Viajeros por un camino de colina” recoge el afán de los trabajos y los días; a veces, esta visión se vuelve más abigarrada, más teatral, más barroca, en suma; tal como ocurre en la acuarela “Kermés en la aldea” de Jacob Savery (1565-1603), donde, en un escenario con iglesia y frondosa vegetación, puede verse a multitud de gentes que se apiñan, conversan, se divierten, pelean o danzan, llevados por el frenesí del momento.
En la Pos-Edad de Oro: siglos XVIII y XIX el bucolismo sigue presente en artistas como Anton Mauve, Jacob Cats o Willem Maris ( 1844-1910), cuyo gouache a color “La hora del ordeño” se acerca ya más a la sensibilidad francesa de los paisajistas de fines del XIX. El arte del retrato alcanza un extraordinario auge y un ejemplo notable son los plumbagos (dibujos hechos con lápiz de plomo) de Johann Tropas (1625-1685) de un hombre y una mujer joven, cuyo realismo es casi fotográfico.
Los temas religiosos y mitológicos ocupan un importante lugar, destacando entre todos sus cultivadores los genios de Rembrandt, de Rubens y de Van Dyck, cuyo dibujo a tinta y aguada color sepia “Cristo coronado de espinas”, de agitado trazo y soltura de la mancha, da fe de su gran talento expresivo. La misma soltura y sencillez encontramos en los dibujos de Rembrandt (1606-1669) “Vista hacia el sur de Amsteldijk” y “Eli recibe noticias de sus hijos”, en los que captura lo esencial de los protagonistas y de la luz.
Respecto a Rubens (1577-1640), preside la muestra con su potente e impresionante dibujo “Dios Padre”, donde queda patente el dinamismo y la singular expresividad de la figura que condensa de modo inigualable la tensión y el pathos del Barroco. Una curiosidad es la Vista panorámica de Jaen, un encargo de Felipe II a Van den Wyngäerde (1525-1571) para hacer un mapa pictórico de España.

Trazos maestros