Reseteo vacacional

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Las noticias de rescates de subsaharianos en el Mediterráneo no cesan, aunque ya no ocupan la portada de los informativos. Las víctimas aumentan y lo malo es que el hecho se está convirtiendo en cotidiano y dejará de ser noticia, que es lo peor que puede suceder y lo mejor para los contrabandistas que los engañan, pasarán más desapercibidos. Entre los refugiados y las víctimas de los negreros, cada día engorda más el problema en las fronteras, hacinándose personas en ellas sin solución, que la hay. La triste realidad de Europa es que pasa más tiempo pensando en cómo cerrar puertas que en cómo evitar que los flujos del horror y la miseria disminuyan, y es triste. Europa, la de los derechos humanos, está ocupada con demasiados problemas internos e incertidumbres y miedo al terrorismo, circunstancias que impiden aplicar las soluciones oportunas que reconozco ni son rápidas ni fáciles.
Tal panorama no invita al optimismo y, por otro lado, abona  el camino a radicalismos que menos aún arreglarán nada, salvo generar más dudas. Todo esto es consecuencia de que en Europa estamos inmersos en una crisis de liderazgo grave; al crear la CE no se pensó que pudiéramos vivir esta problemática. Demasiada burocracia más preocupada por conservar que por vivir.
Pero tenemos a favor que empiezan las vacaciones, un momento ideal para resetear nuestras cabezas y eliminar de ella toda clase de troyanos y así comenzar el nuevo curso con un aire más limpio que nos permita pensar mejor. En la invitación al reseteo incluyo a los Obispos, que tienen que espabilar y ponerse las pilas, sobre todo la Iglesia española que sigue anclada en tiempos mentales pre-informáticos y da la sensación mas de incapacidad que de otra cosa; son un fiel reflejo de la realidad funcionarial europea. Y al de nuestra Diócesis, si no la va a cerrar, con mayor razón, que seguro le hará falta una dosis extra de serenidad ya que una vez pasados los cien días de cortesía, iniciará un curso que a muchos les ha llenado de esperanza, pero, tenga cuidado, al resetear no borre la homilía de su toma de posesión. ¡Feliz reseteo!

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