Al sur de Galifornia

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uro que este artículo no tiene ni la más mínima intención de dar envidia, pero les escribo desde el paraíso. Finalmente, han llegado mis ansiadas vacaciones. Estoy en la terraza abalconada de la casa, mirando hacia la finca, con el hilo musical del sonido del mar que tengo enfrente, el sol dándome en las piernas –a ver si dejo de ser translúcida– pero con la sombra suficiente para poder escribir esto a gusto. Ah, tengo compañía: Una cerveza bien fresquita. Esto es la gloria, lo juro. Ojalá vivir así todo el año. Más que nada porque es infinitamente mejor que darle vueltas a la ley del procedimiento administrativo común, con el sol llegándome sólo a través del cristal. Moreno opositor lo podríamos llamar.
Los días aquí son muy estresantes como podrán imaginar. Te levantas, subes la persiana que te devuelve unos rayos que ya te sacan una sonrisa, desayunas con calma (como sólo se puede hacer en vacaciones) bajas a la playa, comes al aire libre, pasas la tarde de nuevo al sol y al anochecer, te acercas al chiringuito a tomar una cerveza o un mojito antes de cenar y ver una película o leer un rato. Todo esto en familia, por cierto. Un verdadero suplicio, ya les digo. Llevo padeciendo esta ardua situación desde el sábado y el próximo lunes vuelvo a mi zulo de apuntes, por lo que ya estoy iniciando un sistema de riego que forme ese rio que unirá mis lágrimas con el mar. -Ella, dramática siempre-
Pero la verdad es que la vida es como es y hay que adaptarse a las circunstancias de cada momento, esto es así. Unos años tenemos más tiempo libre del que disfrutar y otros menos. Es lo que hay y no se puede luchar contra ello, así que por lo tanto, aunque sean pocos los días que me quedan aquí, pienso aprovecharlos al máximo y dejarme de tantas tontunas como las que nos suelen rodear en el día a día. Estar pegada al móvil todo el tiempo, por ejemplo. ¿Una foto para inmortalizar un momento en concreto? Pues vale, sí. Pero de ahí a vivir para Instagram sí que no, porque no soy influencer y no monetizo el tema. Así que, mientras eso no me saque de pobre, yo paso de todo. Postureo lo justo y mejor me encargo de coleccionar recuerdos a través de mis retinas y no de la lente óptica del iPhone.
Vaya, seguiría relatándoles mis memorias estivales pero me dicen por aquí que ya está el churrasco listo. Lo siento, pero eso es mucho más primordial. ¡Nos vimos, señores! 

Al sur de Galifornia