VIOLENCIA DEGENERADA

|

Si al mal trato entre hombres y mujeres, sobre todo al que sufren estas últimas por parte de aquellos, le llamamos violencia de género, que nombre se le puede poner al que ejercen unos padres sobre un hijo pequeño o, incluso, recién nacido,alque se llega a arrojar vivo y sin miramientos a un contenedor de basura. Sólo se me ocurre la de violencia degenerada, pues ha de ser “fruto de graves anomalías mentales y morales”. En realidad todas las violencias vienen de una degeneración, de la deshumanización de las personas. Ni siquiera los animales degeneran hasta el extremo de deshacerse de sus crías, las defenderán con su propia vida, pero claro los pobres no tienen nuestra capacidad de degeneración.
Como hombres podemos bajar un escalón, el de la racionalidad a la irracionalidad. Una bestia podrá llegar a ser noble, una noble bestia, pero siempre será eso: un irracional. La bestialidad humana no dominada por la razón, además de no tener nada de noble es una degeneración. Puede ser por supuesto una experiencia y hasta una tendencia. El violento callejero es otro ejemplo de violencia degenerada, pura brutalidad: quemar contenedores, romper escaparates o agredir a las fuerzas del orden es comportarse como animales, y no tiene excusa ni razón. Pasa como en el trato habitual, cuando uno se pone violento pierde la razón, aunque en principio la tuviera.
Claro que hay una violencia degenerada más sibilina y menos llamativa, la que ejercen los que consiguen por medio de la amenaza y la chulería amedrentar a los demás, imponer sus criterios más o menos ácratas, utilizar la mala educación como arma política, vestir mal para demostrar a los demás que ellos están por encima del bien y del mal, despreciar los valores y las creencias ajenas; incluso los usos convencionales. No es de extrañar que este tipo de violencia que últimamente estamos padeciendo, en cuanto una mayoría minoritaria decide que hay que volver a la irracionalidad, venga acompañada de la más absoluta arbitrariedad e indefensión para quien prefiere vivir conforme a unos parámetros verdaderamente humanos.
Pena dar ver a alguien presidir una sesión parlamentaria en camiseta, acudir casi en zapatillas a un acto solemne, jurar un cargo de la manera más ordinaria posible, saludar de forma no menos zafia; todo ello para demostrar no se sabe qué libertad de espíritu. Pura violencia degenerada, propia de la barbarie más retrógrada, la que describía el gran historiadorfrancés Thierry en sus Relatos de los tiempos merovingios, cuando los barbaros que invadieron y destruyeron el Imperio Romano sometieron a sus habitantes a esa misma brutalidad. Podemos caer en la barbarie pero no debemos.

VIOLENCIA DEGENERADA