El debate de la manteca

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Si, como vemos, todo parece girar en torno a la economía, y depender de ella, el debate de verdad es el que celebraron en la noche del domingo, en La Sexta, Sevilla, Garzón, Garicano y De Guindos, y no el de los cabezas de cartel del tetrapartidismo. De la idea de que todo es política hemos pasado a la de que todo es economía, perras, finanzas, especulación dineraria, presupuestos, déficit, inversiones, deuda, prima de riesgo y producto interior bruto. De la economía como un soporte de la política nos hemos ido, nos han llevado más bien, a la supeditación de ésta a aquella. A los que no tenemos un duro, sino solo un humilde título de ciudadanía, ese cambio no nos puede augurar nada bueno.
Del poder de la tiranía del dinero nos ofreció una muestra el debate entre los responsables económicos de los cuatro partidos: uno de los más conspicuos protagonistas de la crisis internacional que desencadenó la quiebra de Lehman Brothers, ese Luis de Guindos que era director en España y Portugal del dicho emporio, se permitió el lujo de mostrar la senda del buen hacer en pos de la prosperidad. Solo Jordi Sevilla le salió al paso de semejante impostura, recordándole su responsabilidad en aquella crisis de la que España no ha salido porque aquí aprovechó la plutocracia para liquidar los derechos de los trabajadores, laminar a la clase media y destruir el ahorro popular. De Guindos, que acusó el recordatorio, censuró a Sevilla por esa “alusión personal”.
El que no acusó otro recordatorio del socialista, el de que el PCE propugna la salida de España del euro, fue Garzón, que se fue por los cerros del Úbeda, o, más exactamente, por los cerros de un pretendido e inexistente compadreo entre Unidos Podemos y el PSOE. Le vino a decir a Sevilla que no se confundiera, que el enemigo es el PP. Poco más dio de sí el debate de verdad, el de la pasta, el de la manteca, el de ese mundo tan aciago para quienes solo tenemos un pobre y depreciado título de ciudadanía.  

El debate de la manteca