Las piedras históricas de Ferrol: su olvido y su maltrato

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La piedra fue siempre un símbolo de la intemporalidad y la inmutabilidad, al contrario que otros elementos naturales sujetos al cambio y la caducidad, caso de la propia naturaleza humana. La abundante piedra gallega es un símbolo, que trabajado por la mano del hombre y moldeado por el paso del tiempo, aparece en obras y monumentos de diferentes épocas, proyectando cara a las generaciones futuras la historia de un pueblo. 
En Ferrol tenemos el triste caso del Cristo de la Tahona, una escultura medieval que constituye una señal de identidad de la ciudad y del barrio de Canido, hoy guardada no se sabe dónde, pese a tratarse de una de las más notables y antiguas cruces de piedra de Galicia. A pesar de denunciarse su abandono en diversas publicaciones y foros gallegos, sigue la desidia y la carencia de sensibilidad de los diferentes Alcaldes y Concejales de Cultura de Ferrol hacia esta notable escultura medieval. 
Otra piedra insigne es la del Escudo de Ferrol de la Ilustración, el blasón oficial de la ciudad, que estuvo colocado durante casi doscientos años en la fachada del antiguo edificio del Ayuntamiento del Paseo de las Delicias. Actualmente esta hermosa e histórica piedra de armas se encuentra colocada sin relevancia alguna en el vestíbulo del Centro Cultural de la calle del Hospital, sin una triste indicación de su honrosa función durante muchos años. Ya es hora que la Alcaldía decida que el escudo de Ferrol de la Ilustración debe estar colocado en un lugar preferente del Centro Cultural.
Otro triste caso es el de las dos señeras esculturas dieciochescas de los Leones de Esteiro, varios años situadas a la intemperie en la puerta de la Exposición de la Construcción Naval. Ambas esculturas tenían la función de bitas de amarre de los buques construidos en las gradas del antiguo Astillero de Esteiro, como se puede ver en grabados de época. Han sido colocadas dentro, en la entrada del Edificio de Herrerías, sin indicación de su antigua e importante función.
Un último ejemplo de desinterés hacia el patrimonio es el sufrido por el Peto de Ánimas de San Julián, instalado en un pasillo del templo catedralicio, después de pasar muchos años colocado sin relevancia alguna en la entrada lateral de la iglesia. Se trata de un singular peto de ánimas del siglo XVII, merecedor de una mejor y más adecuada colocación, siendo además la única obra exenta que se conserva de la antigua iglesia de San Julián, derribada el año 1762 a causa de un “despiste calculado” durante las obras del foso del Arsenal Militar. 
Mención especial merece una piedra armera que actualmente se encuentra en manos particulares. Se trata de un antiguo blasón municipal de Ferrol, que procede de la antigua Cárcel del Partido Judicial situada en Caranza y que hoy está colocada en un antiguo molino, rehabilitado para vivienda, situado en el barrio de La Cabana.  Vemos como estas ilustres piedras, trabajadas en el noble material de piedra gallega de granito, se mueven errantes por la ciudad. Como recordó Castelao, las piedras hablan y de esa forma nos cuentan su historia y se duelen de no tener un digno y merecedor acogimiento en ese Museo de la Ciudad que lleva años solicitando el Foro de Amigos de Ferrol y que el ineficaz Concello es incapaz de poner en marcha. 

Las piedras históricas de Ferrol: su olvido y su maltrato