La carta de los militares

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Discrepar no es estigmatizar. Lo censurable de la carta a Felipe VI de los militares retirados, los que denuncian los riesgos que las malas compañías de Sánchez suponen para la unidad de España, es la mala fe utilizada en la estigmatización del Gobierno “socialcomunista” y los “filoetarras” de Bildu.

Hay un amplísimo espacio libre para denunciar los peligros de fragilización del Estado a causa de la política de alianzas del Gobierno. En buena parte de los circuitos políticos y mediáticos incluso se niega credibilidad a su presidente, Pedro Sánchez, cuando, en mensaje a la militancia socialista, promete defender la Constitución por encima de todo y hacer lo posible por incorporar al proyecto común a los partidos populistas e independentistas llamados a apoyarle a lo largo de la legislatura.
Aún en el caso de creer a pies juntillas en la sinceridad del compromiso del presidente, habría que proyectar la carga de la prueba hacia quienes sin ningún género de dudas reniegan de la Constitución Española y el proyecto común.

Es a ellos a quienes Sánchez debe convencer de que la política inclusiva y el respeto al orden constitucional vigente son imprescindibles para avanzar y tener la fiesta en paz, en nombre del bien común. Los demás ya estamos convencidos.

Todo eso, el asentimiento o la discrepancia, la crítica o el aplauso, forma parte del juego democrático en régimen de libertad, pluralismo, tolerancia y respeto a las opiniones ajenas. Pero no es de recibo el episodio protagonizado por esos setenta y tres militares de alta graduación retirados que rinden testimonio de “lealtad y respeto” al Rey mientras vulneran el dogma del sometimiento al poder civil .

Para empezar, cometen un pecado de malversación de su rango como antiguos servidores del Estado, cuando en realidad sólo se representan a sí mismos. Y para seguir, ponen en un aprieto al Rey y a las Fuerzas Armadas, que son dos instituciones constitucionalmente obligadas a ejercer la neutralidad política. Además contribuyen a dañar la causa de la unidad de España, cuyos enemigos deben estar aplaudiendo con las orejas el mal paso de estos antiguos mandos del Ejército de Tierra (7 generales y 66 coroneles). A unos y otros, amigos y enemigos de la unidad de España, van dirigidas las palabras de Pedro Sánchez en su último mensaje a la militancia socialista: “Mientras el PSOE empuñe el timón del Gobierno, la Constitución regirá en España de un punto a otro, de principio a fin. Vamos a defenderla a las duras y a las maduras”. Amén, presidente, aunque en este punto uno prefiere remitirse al pensamiento del gran Joan Marsé: “El tiempo se tiene que posar sobre las cosas para que estas sean creíbles”.

La carta de los militares