EL FUTURO PRESENTE

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Dos representaciones –llenos totales- en el Rosalía, para ver “El tiempo y los Conway” de Priestley. Plenitud y ocaso de familia británica provinciana. Sueños rotos. Filosofía de tiempo ido y fracaso hallado que lo hace eterno y mensurable. Dos fechas: otoño 1919, terminación de la guerra europea, cumpleaños de Kay, celebrado por sus hermanas, madre y agregados; después reunión familiar en 1938 cuando tambores agoreros anuncian la última conflagración mundial. Mientras un maniquí rueda dirigido por Carol pautando el paso de las horas y su tic-tac obsesivo. Viceversa teatral de tiempo actual con futuro para invertir la acción inicial. Sin embargo, confesará Alán a su hermana solterona, el tiempo siempre es el mismo, somos nosotros quienes cambiamos sin dejar de ser los mismos; una línea continua donde intercalamos diferentes actitudes. Así, recuerdan que “el hombre fue creado de alegría y dolor”.

Carismático adivinador inglés sobre nuestro hogaño. Unidad dramática logradísima donde alterando el orden del segundo y el tercer actos explica diáfanamente el nudo argumental. Modélica de forma y contenido. Con personajes bien perfilados en épocas caóticas y sangrientas. Burguesía que pide lugar al sol y la estupenda y deliciosa Kay que cree y propaga el socialismo utópico.

Exquisito, dinámica y convincente dirección y escenografíade Juan Carlos Pérez de la Fuente. Felices versión, vestuario, iluminación y espacio sonoro. Excepcional conjunto artístico con maravillosa Nuria Gallardo y réplica de Alejandro Tous, fraterna y comprensiva alma de Dios que todos buscamos; sin desmerecer sus compañeros.

EL FUTURO PRESENTE