LAS GRACIAS MALDITAS

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Los componentes de la gleba que la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, convocó a manifestarse por los titiriteros detenidos en Madrid, exhibieron un cartel que les pareció ingenioso, y que decía “Gora marion-ETA”. Hay malditas gracias y gracias malditas, y esta pertenece a las últimas, porque hay que ser algo peor que grosero, hay que estar entrenado como un cerdo moral para hacer bromas por los crímenes que han llenado de dolor a 900 familias.
España está llena de tontos dispuestos a refundar el mundo, sin haberse dado cuenta del mundo en que viven. Y ninguno de estos alcaldes y concejales de nueva hornada se imaginan lo que ha sido ser concejal o alcalde del PP o del PSOE en el País Vasco. No saben lo que es atender el teléfono y escuchar una voz que dice “te vamos a matar”, ni lo que es vivir con escolta o con miedo, y escuchar la piedra que rompe el cristal de la habitación, y ver tu rostro en un cartel, como la diana ideal para una galería de tiro. No saben lo que es estar comiendo en un bar, y presenciar cómo dos tipos entran y le pegan dos tiros en la cabeza a tu compañero de mesa, y se marchan, y el local se queda en silencio, porque es difícil reaccionar en una sociedad acojonada.
Hay que ser un ignorante para ejecutar la maldita gracia de emplear el retruécano en dar vivas a ETA. Hay que tener la moral de un mejillón podrido para escupir sobra las tumbas de tantos españoles a los que les arrebataron la vida por ser funcionarios, policías o porque un día, por cierto, en Barcelona, entraron en El Corte Inglés”. ¿Tan mala memoria tiene Colau? ¿Vivía en Sidney cuando los sayones masacraron a un puñado de inocentes? ¡Tan sensibles con los muertos de la guerra civil y tan miserables con los muertos de ahora mismo! ¡Qué mal huele el detritus moral!

LAS GRACIAS MALDITAS