UN OASIS EN EL DESIERTO

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En medio de tantas y tan malas noticias que aparecen a diario en este desierto creado por la crisis –cifras de paro, cierre de empresas y comercios, desahucios, aumento de la nómina de los pobres, el coste de la deuda o el desastre de la banca– Galicia encontró su peculiar oasis económico la semana pasada en una importante “movida” en un sector estratégico como es el naval.

La pasada fue una buena semana para el país, de esas que levantan los ánimos tan decaídos e insuflan algo de optimismo en medio de una realidad tan dura

Primero fue Navalia, el escaparate ferial anual que llevó a Vigo a expositores y armadores de cerca de un centenar de países y a miles de visitantes y curiosos relacionados con esta actividad. Navalia es la prueba de que el sector sigue vivo y en ese certamen seguro que cuajaron intercambios comerciales y negocios, con Marruecos y Brasil en el punto de mira.

Después llegó la alternativa al famoso “tax lease” que el Gobierno español envió a Bruselas y que permite al naval gallego buscar contratos para construir barcos contando con ventajas fiscales. ¿Por qué no se desbloqueó antes esta situación? ¿Quien es el culpable de que este sector haya estado tantos meses sin poder contratar en condiciones de igualdad? Sería bueno conocer nombres.

La guinda la puso el acuerdo con Pemex (Petróleos Mexicanos) para construir catorce remolcadores, siete de ellos en astilleros de la ría de Vigo y siete en colaboración con astilleros mexicanos, que puede incluir un impulso a punta Langosteira –pendiente también de otra inversión de la firma china Beijing 3E– como base de las operaciones de la petrolera en Europa. Ojalá que las promesas de la SEPI, hasta ahora poco concretas, cuajen en contratos para “empezar a cortar chapa” en Ferrol y la alegría será completa.

El contrato con Pemex no es la panacea que vaya arreglar los problemas del naval, pero es un balón de oxígeno que garantiza carga de trabajo y empleos para evitar el desplome del sector que ha de seguir peleando y poniendo en valor su capacidad tecnológica y la alta cualificación de los recursos humanos para llenar las carpetas de contratos y las gradas de barcos.

Esta pléyade de buenas noticias cobra más importancia porque la austeridad que predica el Gobierno empieza a tener su complemento con políticas de crecimiento. Por eso –y por todos los triunfos deportivos de equipos gallegos– la pasada fue una buena semana para el país, de esas que levantan los ánimos tan decaídos e insuflan algo de optimismo en medio de una realidad tan dura.

UN OASIS EN EL DESIERTO