TREMENDISMOS DIALÉCTICOS

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En contra de la opinión dominante, soy de los que cree que eso de que la derecha y el Gobierno comunican y explican rematadamente mal las cosas es una especie de leyenda urbana que en muchas ocasiones no se compadece con la realidad de las cosas. Y es que una comunicación política eficaz se asienta en dos supuestos. Uno: que no hay buena comunicación sin buenos contenidos. Y dos: que no comunican dos como uno no quiera.

El último pleno del Congreso fue testimonio palmario de que todavía existe no poca crispación en los bancos de la izquierda socialista

Los contenidos, ciertamente, condicionan el éxito de la comunicación. Cuando el ciudadano de a pie ve cómo altos responsables del mundo financiero se van a sus casas o a sus suculentos nuevos empleos con una enorme indemnización en el bolsillo, después de haber dejado las instituciones que administraban hechas unos zorros y sin haber dado la cara ni siquiera ante una comisión parlamentaria, ya puede venir el más experto gurú de la comunicación a querer explicar algo, que no lo logrará. Porque hay cosas, realidades o contenidos que no tienen justificación.

Más frecuente es, sin embargo, el fenómeno de la falta de voluntad de comunicación. Lo estamos comprobando estos días. ¿Qué hay que explicarle, por ejemplo, al señor Pérez Rubalcaba, que pasa por ser uno de los más listos de la clase, para que no mezcle el rescate de Bankia con el copago farmacéutico de los jubilados, cuando bien sabe que la nacionalización de la antigua Caja Madrid no supone aportación de nuevos dineros públicos, sino la reconversión en acciones de las anteriores ayudas del FROB?

¿Qué habrá que explicarle que no sepa al presidente catalán, Artur Mas, cuando sigue con su matraca de que el pacto fiscal por el que suspira sería la solución para superar todos los problemas habidos y por haber en su comunidad y cuando exige al Gobierno central unas inversiones que el Tribunal Constitucional ha deslegitimado?

¿Que habrá que explicarle que no sepa al portavoz socialista en materia de Educación, Mario Bedera, número dos del ministerio durante el zapaterismo, sobre el alcance real de los recortes en el ámbito educativo convalidados el jueves en el Congreso? Si en estos y en otros tantos supuestos no hay comunicación, no es por falta de explicaciones. Es por falta de voluntad de entendimiento por una de las partes. Es porque priman otros intereses. No seamos ingenuos.

Visto lo visto en el último pleno del Congreso, con todo un despliegue de tremendismos dialécticos por parte del principal partido de la oposición, me hacen cierta gracia las invocaciones de él mismo y de sus nutridas tribunas mediáticas sobre la necesidad de un gran pacto para superar la crisis. No creo que hoy por hoy esté el horno para esos bollos. Hay todavía mucha crispación en los bancos de la izquierda. Aparte, claro está, de que no es imprescindible.

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