PRECAUCIÓN

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Al llegar a ciertas edades se suele ingresar por necesidad, en lo que llamo el “club de los pastilleros”, una asociación multitudinaria en la que se enrolan los consumidores de pastillas por prescripción facultativa para combatir enfermedades que precisan medicación para estar controladas. Cada vez con mayor frecuencia se dejan en manos de la medicina aspectos de la vida, situaciones que hasta ciertas edades no se consideraban problemas médicos, se convierten en enfermedades o en momentos de elevado riesgo para la salud, que hay que prevenir.

Toca cuidarse a la espera de que en los fogones “farmacéuticos” se cocinen pastillas con “sabor a…”

 

Hay pastillas para casi todo y cuando a uno se le juntan varias “tomas”, dependiendo de la cuantía de “achaques”, la coordinación de la medicación prescrita requiere una atención minuciosa para mantener las indicaciones –horario, no olvidarse de su ingesta, ni repetir “pastillas”–. Cuando se juntan miembros de este club, hay una especie de “competición” a ver quién está tomando más, de qué colores y para más dolencias. Una charla que por el camino que llevamos tendrá visos “gastronómicos”, de “nouvelle cuisine”. Me explico: Una investigación avalada por la Escuela de Salud Pública de Harvard confirma que el consumo de carne roja eleva el riesgo de cáncer y enfermedad cardíaca. ¡Éramos pocos y…! Parece que no queda otra: toca dieta para prevenir. Los posibles males se subsanan, según los investigadores, si “solo” tomamos carne roja –cordero, ternera, buey o cerdo– y sus derivados máximo tres veces por semana… Como si estuviéramos para fiestas y anduviésemos de “churrascada” todos los días.

No sé si por corporativismo o porque es cierto, una encuesta entre los españoles a ese respecto señala que nuestro hábito nutritivo supera por mayoría esa recomendación. Así que ya lo saben: precaución, amigo “comilón”. Toca cuidarse a la espera de que en los fogones “farmacéuticos” se cocinen pastillas con “sabor a…”. Algo que hace años parecía de ciencia ficción ya no lo es tanto y se va cumpliendo el “presagio” de Alexander Woollcott, presunto creador de la frase “todo lo que me gusta es pecado, inmoral, ilegal, mata, o engorda”.

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