Una pena de Conferencia Episcopal

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Hoy, primero de octubre, España está viviendo uno de los momentos más importantes de nuestra historia. Está sucediendo en Cataluña lo que la mayoría de nosotros creíamos que, como en el cuento del lobo, nunca pasaría; y como casi todos Vds. ni idea de cómo acabará el día, ni lo que pasará en el futuro; pero lo que sí tengo claro es que nuestra convivencia en toda España será muy distinta y requerirá grandes dotes de excelencia; pero sí me queda la tristeza de que nuestra clase política, ni unos ni otros, no ha estado a la altura de las circunstancias. 
Lo que está pasando demuestra que los políticos, en general, no tienen la suficiente calidad para ejercer su función y muchos ciudadanos tenemos la percepción de que les preocupa más su continuidad en el sillón que el bien de todos y el de España. La clase política ha jugado a repartos que se sabían peligrosos y el resultado de sus egoísmos, es lo que hoy vivimos. Ellos se olvidaron lo más importante en política: construir sociedad. 
Lo mismo que a la mayoría de obispos, y por tanto a la Conferencia Episcopal Española, que se ha preocupado más de fotos, costumbres sexuales, clases de religión, etc. que de evangelizar. Les gusta más vivir al lado del titular de prensa (como al obispo de Solsona que ya no sabe ni donde está él mismo) y del poder; y lo han rematado con la nota que hicieron pública al acabar la Comisión Permanente el pasado día 27.
 No acabo de entender que se les pierde en esta historia a los obispos; quién les habrá mandado meterse en tal charco. Además, en su comunicado se nota que quizás no hay tanto consenso como aparentan. Se nota (la cara de monseñor Blázquez cuando lo lee, lo delata) que hay una parte de su carta que ha sido impuesta.
 ¿Quizás la influencia catalana amenazando de escisión a la CEE? ¿Quizás la CE Tarraconense y el miedo a los 400 curas del manifiesto? No lo sé y me da exactamente igual. 
Lo que sí me duele es confirmar que o hay cobardía, o hay incapacidad, o de todo un poco. Sí ya tenía poco prestigio nuestra CEE, lo ha perdido del todo metiéndose donde nadie la llama. Una pena.

Una pena de Conferencia Episcopal