A la fresca

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Vamos a asumirlo todos desde ya, porque esto es un hecho impepinable: el verano se ha acabado. Y juro que no hay corazón que llore más y más fuerte que el mío. Porque la playa está guay, el solete y los días largos van bien, las vacaciones molan, pero... hay algo que llevo en el alma y se me está escapando como arena entre los dedos. Hablo de las terrazas, que son mi pasión. Porque no hay nada mejor que sentarse en una a bajar tercios de estrella y entretenerte mirando al espectáculo que se pasea ante tus ojos. Da igual que sea un día del finde con colegas, que un hueco que te sacas sola después del trabajo. Porque que quieren que les diga, yo para mi vicios, nunca necesité compañía...
A mi me pueden ustedes dejar a las once de la mañana allí y si me recogen a las cuatro de la tarde, se me ha hecho corto el rato. Ojo, que esto es muy mío pero de casta le viene al galgo, porque mi madre es igual. Ella lo vive tanto, que se inventa la vida de la gente que pasa. Y así es que al final te convence de que ese muchacho que va con cara de triste es porque va a pedirle perdón a la novia por la última liada, que la chica que apura el paso llega tarde al trabajo, que la señora que se despide de la amiga a prisas va corriendo a hacer el caldo para la comida de hoy o que el señoriño que dirige la obra antes era capataz y ahora no puede desengancharse de su vida laboral... ¡Si es que no hay como tener tiempo libre! A mi no me da para pensar tantas cosas... eso sí, sobrada voy para disfrutar del tiempo libre allí sentada mirando al horizonte bajo un sol de justicia. Porque yo ya tengo más miedo que a un nublado del momento invernal en el que nos tengamos que exponer a las terrazas tanatorio como bien apuntaba en su día Ruiz Quintano... que manía de exiliarnos a los fumadores, hombre. Pero de esto ya hablaremos en otra ocasión, que da el tema para largo. 
¿Que me dicen de la experiencia mística de los chiringuitos? O del mañaneo dominguero, Martini en mano, curando con gafas de sol la resaca gestada hace horas. Porque lo siento, pero eso sólo nos lo da el verano. 
Total, que aquí ando yo desesperadita perdía sólo de pensar que falte casi un año para poder disfrutar de nuevo del terraceo y todo lo que conlleva. Así que por favor, llévenme ya al estival 2019, que después de dos días de lluvia ya me hace mucha falta. Camarero, una milnueve, por compasión...
 

A la fresca