Un ángel para la Cruz Roja

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Carlota Cuesta, ya de antiguo, sintió la llamada del mar. Era un rumor lejano que sobrevolaba su ático de la Puerta del Sol de Madrid y se pintaba estático en sus cuadros, sobre quietas rocas, a la orilla de playas congeladas. Luego se hizo gaviota, aprendió a volar y aterrizó en A Coruña y el hechizo, tanto tiempo congelado(como el mago Merlín bajo el conjuro de Morgana) se desheló y las aguas cobraron vida y todo aquello que hay de peregrinaje anhelado en el corazón humano se hizo realidad. Así supo que tenía un destino atlántico y que había un Avalon mítico o una isla de San Brandán aguardándola. Recaló, entonces, en A Costa da Morte y participó en la utopía de Cristina Torre Cervigón, viuda de pintor coruñés Julio Pujales, que soñaba con un lugar especial para aposentar la obra de este; ese lugar fue Corme, donde proyectaron el Museo de Arte Contemporáneo Costa da Morte, hoy ya felizmente en funcionamiento.

Y allí, en el puerto de Corme, lugar de tantos expertos y audaces marinos a los que el rey Alfonso XIII prefería sobre otros, yergue ahora su estilizada silueta el Ángel Protector, escultura de homenaje a los hombres del mar y a la labor altruista de la Cruz Roja, generosa donación de su creadora, Carlota Cuesta, y de la Fundación Torre Pujales, con el apoyo del Ayuntamiento de Corme; es un ángel que ya no va en busca de Pórtico, como los que llevó en su día a la Casa de la Parra de Santiago, sino que es él mismo pórtico, alta y abierta puerta, con factura de ángel de formas sintéticas y actuales, para los aires que fecundan nuestro litoral, ellos también angélicos mensajeros de tantas latitudes y de tantos corazones avezados en ultramares, como Galicia genera.

La inauguración de la escultura se hizo el día 22 del pasado mes de agosto, con la presencia, entre otras autoridades, de la condesa de Pardo Bazán, actual presidenta de la Cruz Roja, quien, en su discurso inaugural, destacó la labor altruista de la institución que preside y agradeció este recuerdo a la labor humanitaria de tantos cientos de colaboradores anónimos que han estado y siguen estando ahí ayudando en las desgracias y naufragios del mar, naufragios, por cierto, de los que Corme y toda A Costa da Morte son el mayor exponente. Esta obra, la única en el mundo que no es un homenaje individual, sino genérico, tiene el color del corazón, el color de la sangre y entre sus airosas formas circularán los vientos marinos, cantando la canción de la solidaridad humana.

 

Un ángel para la Cruz Roja