Migración y esclavitud

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Antes de nada quiero dejar claro un ideal personal. Sobra decir que soy cristiano y no creo en las fronteras y mi utopía es la libre circulación de personas; que no haya fronteras. 
Este deseo sé que es más que una quimera, pero no por ello renuncio a ella. Aclarado mi principio, no puedo más que, de nuevo, opinar del enorme drama de las personas que huyen de ejércitos violentos y del peor y más devastador asesino, que es el hambre. 
El drama de los que buscan escapar y acaban violentados por las mafias y confinados en un CIE viviendo un nuevo drama, ha vuelto a pasar a la primera plana de la actualidad y, en muchos casos, tratado trivialmente, tanto a favor como en contra y con comentarios, frecuentemente,  provocados por otros intereses tanto en el origen, como, en determinados gestos, en destino y parece que solo tiene el interés mediático, más que dar soluciones al problema, que fácil no es, y semeja que les gusta tal cómo está. 
Se ha dicho, escrito y debatido mucho sobre esto, pero poco se ha hecho por evitar la migración Africana; escapamos de un problema en el que siempre pierden los que menos alternativa tienen: O esclavo en el Norte, o morir en el Sur.
No es cuestión de traer un barco, ni de todo el montaje propagandístico de los que dicen SI (no sé si convencidos) y los que dicen NO (que tampoco sé si lo están); y menos actuar por el impulso de un día. 
Una muestra de lo mucho que pasamos es el drama diario en nuestras costas oculto por la cotidianidad y que es síntoma del poco interés en combatir tal vergüenza, que enriquece a quien hace del tráfico humano con engaños y empobrece al hombre.
La solución no es lo que se hace; esta llega cuando quien asume el riesgo y el engaño para emigrar, comprenda que donde vive, tiene más futuro. 
Europa ha de definir políticas que devuelvan a África su futuro, se lo debemos. Lo demás es cinismo y favorecer el negocio de las mafias. El Papa y toda la Iglesia hemos de asumir un importante rol sin dejarnos llevar por la novedad. Nuestra presencia en África nos hace ser una gran intermediaria. Es nuestra obligación y podemos.

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