No es Rajoy, es España

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Patxi López ha denunciado que el PSOE recibe presiones del Ibex, de los medios, en fin que parece que entre unos y otros al PSOE no se le deja vivir y ante tanta presión lo que toca hacer es mantener las posiciones ya conocidas: que Rajoy pacte con las derechas, que busque aliados, que trabaje y abandone la tumbona, etc... porque a ellos les toca es encabezar la oposición. El resumen es que el PSOE quiere todo a la vez sin mover una ceja y eso en política es poco menos que imposible. Siempre hay que elegir, siempre hay que dejar algo y es casi imposible no tener que convivir con un punto de contradicción.
Las reticencias del PSOE son más que comprensibles. Lo que resulta más difícil de entender es ese querer todo a la vez, ese afán de ponerse de perfil como si la historia no fuera con ellos. Y la historia va con todos, porque no se trata de Rajoy sí o Rajoy no. Se trata de poner en marcha un gobierno que dé vía libre al techo de gasto, al presupuesto y a los compromisos con Europa. Acordar tiempos y asuntos concretos, ¿desvirtúa el perfil del PSOE? ¿Se resentirían sus expectativas electorales? ¿Temblaría el comité federal? ¿Laminarían a Pedro Sánchez? ¿Se produciría desbandada de afiliados?
No tengo respuesta a tanta pregunta, pero no creo que el PSOE se derrumbara por acordar con Rajoy tres o cuatro asuntos y una vez resueltos, volver al principio. Lo que sí creo es que de seguir así el PSOE, además de quedarse sin sitio, se puede convertir más en un problema que en una solución, pero no tanto por no avenirse a negociar con Rajoy, sino porque su discurso es un acertijo impropio de un partido que es el único llamado a ser de verdad alternativa al PP. Aquí, en el momento presente, en las circunstancias actuales no se trata de salvar a Rajoy, sino de dar salida a asuntos concretos.
Si de lo que se trata es de que Rajoy muerda el polvo, los socialistas deberían saber ya que Rajoy es capaz de comer kilos y kilos de polvo y aunque él también tiene sus límites, estos son más flexibles y amplios de lo que cabe imaginar. Pero habrá que suponer que Sánchez y su equipo tienen calculados todos los escenarios e imaginadas todas las hipótesis y que algún dato manejarán para estar tan seguros de que su estrategia es acertada.
Está claro que Rajoy y Rivera han puesto en escena una vía de comunicación entre ambos, ya que hasta el momento Ciudadanos no es proclive a que entren en funcionamiento los equipos de negociación. Esta puesta en escena no garantiza nada. Hoy no se está más cerca que ayer de la formación de Gobierno, pero el clima es un poco distinto. Tan poquito distinto que tiene más de efecto placebo que de avance real y que se utiliza y se va a utilizar de manera prioritaria para evidenciar el no rotundo del PSOE. El juego, pues, es sabido. Tan sabido como cansino y todo ello pleno de irresponsabilidad. Todos sabemos que forma parte de la política una pizca de teatralidad, que se parte de lo máximo para llegar a lo posible. Todo eso es sabido y aceptado, pero las cosas están llegando a un límite casi insoportable.
Todos sabemos que aun cuando Rajoy llegara a gobernar, su gobierno sería un potro de tortura y que sería un gobierno de muy corta dirección. Si llegara a haber gobierno, Rajoy sería rehén de quienes ahora le niegan el pan y la sal. Sería un presidente “chollo” para la oposición, esa oposición que quiere liderar el PSOE. A este paso, puede ocurrir que el PSOE no lidere nada. Ni la oposición ni su contrario porque la actitud de Sánchez es la propia de un partido minoritario, irrelevante, del que nada cabe esperar porque para nada es necesario.

No es Rajoy, es España