PELEAS DE ABAJO

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Cuando uno viaja de Benavente a Salamanca deja a uno y otro lado de la A-66 a Peleas de Arriba y Peleas de Abajo, dos localidades castellanas situadas en las proximidades de Zamora que, a pesar de sus nombres, son dos pueblos apacibles, habitados por almas generosas y recias de carácter, que son rasgos que suelen caracterizar a las personas que habitan en la vieja Castilla.

Sería una sabia decisión que los partidos ejercieran algún control sobre la gestión de sus cargos que, borrachos de poder, con demasiada frecuencia dilapidan dinero

Pero los topónimos de estas dos poblaciones parecen como una metáfora de lo que ocurre en nuestra Galicia desde tiempos inmemoriales que tantas veces estuvo dividida y libró grandes batallas entre Peleas del Norte y Peleas del Sur, léase entre A Coruña y el eje Santiago-Vigo, unas veces por la capitalidad, otras por los puertos, las universidades, las orquestas sinfónicas o las Cajas, últimamente por el AVE y los aeropuertos y siempre por el Celta y el Depor que, de entre todas, es la más sana y saludable de las rivalidades.

Pero hoy no quería hablar de la absurda, casi ridícula, división Norte-Sur de un país tan pequeño como Galicia. Traigo a colación a estos dos pueblos zamoranos porque el Partido Popular, en una decisión sin precedentes y que sospecho quiere ser un aviso ejemplarizante a navegantes, acaba de suspender de militancia al alcalde de Peleas de Abajo por haber actuado de forma irresponsable en su gestión económica y financiera al frente del ayuntamiento.

Consecuencia del despilfarro del ex regidor, este municipio zamorano de unos 250 habitantes que tiene una previsión anual de ingresos de 40.000 euros, arrastra una deuda de 4,5 millones que le convierte, proporcionalmente, en el ayuntamiento más endeudado de España. Haciendo números, dice el alcalde actual que toca a cada habitante una cantidad de 20.000 euros de deuda y, con el nivel de ingresos real, las cuentas no quedarán saldadas hasta el siglo XXVI.

Sería una sabia decisión que los partidos políticos ejercieran algún control sobre la gestión de sus cargos que, borrachos de poder, con demasiada frecuencia dilapidan ingentes cantidades de recursos en obras y actuaciones diversas que son innecesarias, resultan inútiles y en nada mejoran los servicios y calidad de vida de la ciudadanía. Solo responden a los sueños megalómanos de sus impulsores.

Ahora bien, si la suspensión de militancia impuesta al anterior alcalde de este pueblo zamorano se toma como norma para castigar a alcaldes derrochadores, puede ocurrir que tanto populares como socialistas –y otras formaciones– se queden sin regidores. Porque en Galicia hay muchos discípulos del ex de Peleas de Abajo.

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