Erasmus

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Si Erasmo de Rotterdan levantase la cabeza, le daría vergüenza que su nombre se exportase a Europa y que una beca exigua, cutre, mantuviese a nuestros jóvenes a lo largo de todo un año por tierras  extranjeras.
La idea es buena, que jóvenes, los nuestros, se proyecten como lo hizo Erasmo y se mezclen con otras culturas, con otras lenguas y otra forma de vivir.
Pero como siempre en España y su Gobierno de ahora, que no para de hacer recortes a la enseñanza pública, hace las cosas a medias; la beca es insignificante para que nuestros hijos se mantengan en el extranjero, suponiendo para las familias un coste importante. Las becas las proporciona la familia no el Estado; él le saca provecho en la publicidad como casi siempre engañosa.
Por otro lado la asistencia de la universidad nula, los seguros, los visados si el país elegido es Turquía, por ejemplo, también. La tramitación del visado hay que hacerla en Madrid con el consiguiente coste. Si uno tiene que renovar carnet y pasaporte póngase a la cola en Internet y le darán vez para septiembre, nada de excepciones, “el verano no está hecho para despistados”, la policía nunca tiene prisa, al fin y al cabo usted se va de vacaciones. Todo lo que nos parecía moderno de repente es tercermundista. El consulado honorífico de Turquía en A Coruña no está para visados; es honorífico, para medallas, recepciones y negocios de alto copete.
Total, ciento quince euros al mes de beca, pagaderas cuando haya dinero. Las familias gritando no pedir Erasmus, leedlo os valdría más; una parte importante de los estudiantes no saben quién es. La beca es una peca, una mancha que se extiende, amenazando con convertirse en tumor. Los políticos presumiendo de juventud europea y de parados que saben idiomas y en todo caso de emigrantes de lujo. Lo que iba ser una reforma erasmista es un informe de despropósitos.
¿Por qué ofrecen Turquía? Al final parece que pretenden que renuncien a la beca y que éstas desaparezcan o que solo las pida el que pueda  pagarse los gastos; la beca solo da para tabaco. Erasmo de Rotterdan esconde bajo sus faldas todos los polvos que España acumula desde hace tiempo. Ya estuvo censurado hace siglos, ahora solo queda el nombre.    

 

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