Es un escándalo

|

Ahora que Raphael ha vuelto con su pequeño tamborilero, tomo prestado el título de otra de sus canciones de éxito -”¡Escándalo! Es un escándalo”- para referirme a los casos de corrupción que copan con mucha frecuencia grandes espacios en los medios informativos, inundan la vida nacional y conmocionan a una opinión pública perpleja ante el cúmulo de desvergüenzas.
En los últimos días estuvimos servidos: el auto del juez Ruz a propósito de la presunta “Contabilidad B” del Partido Popular, la condena de Carlos Fabra, Mercasevilla, las jubilaciones en las cajas, el nepotismo en Vigo o las facturas del sindicato UGT en Andalucía...
Pero para nosotros la estrella fue el caso Pokémon que nos toca más de cerca y rebrotó con fuerza tras la decisión de la jueza de repartir la macro causa en nueve piezas separadas. Ahí están más de un centenar de imputados entre los que hay políticos del PP, PSOE, BNG e independientes, empresarios y funcionarios implicados en tramas para la adjudicación de servicios a unas empresas, firmar contratos irregulares con otras y la presunta financiación irregular del PP y PSOE en Santiago.... Un entramado complejo y completo con actuaciones delictivas de blanqueo de capitales, cohechos, prevaricaciones, tráfico de influencias, aceptación de regalos y favores varios... Una vergüenza.
Lo más curioso es que todos dicen tener la conciencia tranquila y no solo se niegan a dimitir, sino que algunos amenazan con “recuncar” en los comicios venideros sin que desde las cúpulas de sus respectivos partidos se emprenda una actuación de verdadera regeneración democrática para erradicar de la vida pública cualquier atisbo de corrupción y comportamiento indecente.  
Seguramente estos políticos y sus partidos se sienten identificados con las palabras de  González Pons que, tras el auto del juez Ruz sobre la presunta existencia de “una corriente financiera de cobros y pagos” en dinero negro en su partido, afirmó en la Convención de las Nuevas Generaciones que “el PP es un partido tan honrado como todos y de dirigentes tan honrados como todos”. Un mensaje ambiguo del que puede deducirse que “todos son iguales”, algo que piensa mucha gente a pie de calle. De verdad, hay días en los que uno tiene la impresión que quienes nos gobiernan se parecen más a una banda de delincuentes reunidos para robar y enriquecerse que a personas dispuestas a gestionar decentemente la “res pública” para el servicio de los ciudadanos. Como no pongan remedio, la corrupción acabará ganando la partida a la democracia.

Es un escándalo