TRANQUILOS, TRONCOS

|

 

Yes que los ciudadanos tenemos la manía de protestar cuando nos pisan un callo, nos roban la cartera o nos privan, con nocturnidad y alevosía, de un derecho muy luchado durante años.

¿Y qué hacen nuestros queridos gobernantes? Pues “echar a la policía”, prohibir usar la calle, restringir el paso por delante del Congreso o, como hace Rojo (¡que nos pone usted colorados, señora!) dejar para la familia y amigos la asistencia al Parlamento.

Desde la puerta de Alcalá, o sea, desde Madrid, jalean la noticia, pues los gallegos somos muy peligrosos y raros, en lugar de buenos y generosos como les gusta a ellos. Por eso, desde allí, nos largan unas epístolas de San Pablo que no las aguantarían ni los corintios pasados de copas.

Y, además, resulta que eso es mentira, pues aquí, en la Diputación coruñesa, la penúltima manifestación de los estafados por las preferentes: preferentemente por los cabecillas de las cajas y el señor que bendijo la unión y aparece en todas las fotografías encantado de la operación que llevó a la ruina decenas de miles de gallegos y miles de trabajadores, también gallegos, de las entidades fusionadas sin contar con el daño hecho a otros miles de gallegos del rural a los que esta crisis cerró las oficinas de sus pueblos y parroquias.

Ya en Vilagarcía un alcalde quiso prohibir circular en grupos por las aceras y nos tememos que ante la noticia de que los vecinos críticos con Negreira se han reunido para protestar por la discriminación que padecen, pues funciona en el concello el trato de favor a los amigos, el alcalde prohíba las asociaciones “rebeldes” o, simplemente, a los vecinos.

Hablar de clientelismo es pecado y la penitencia ya la conocemos… no reconocer a los discrepantes, lo que nos lleva a los párrafos anteriores y a las soluciones de la señora Rojo que (dixit), por supuesto, que dejará pasar invitados al Parlamento, pero debidamente aseados y eliminando el cupo a los discrepantes.

Discrepan, por cierto, Rajoy y Merkel –cada uno va a lo suyo–, pero “lo nuestro” no funciona: la reforma laboral acelera la caída del empleo y la recesión es más grave en el mercado laboral que la de años anteriores. Y a todo esto nos comunican que en España aumenta el consumo de tranquilizantes.

Tranquilos, troncos, ¡que esto no puede durar mucho más!

TRANQUILOS, TRONCOS