LA CUENTA ATRÁS

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Ya estamos en la cuenta atrás que culminará el día 20 con una noche que promete ser emocionante. De acuerdo con las encuestas, incluida la del CIS, hay posiciones en el ranking que se van a jugar por un puñado de votos y ese puñado de votos puede ser, a su vez, la diferencia entre el disgusto y el drama.
El porcentaje de indecisos es aún muy alto, está por ver la influencia de la campaña, hacer recuento de los errores que pueden cometer unos y otros y queda por ver qué acontecimientos pueden sucederse en unos tiempos en los que no hay día sin sorpresa, a veces extremadamente dura. La cuenta atrás comienza partiendo de una tendencia que ningún sondeo ni encuesta ha desautorizado y es que por arriba el PP parece inalcanzable y por abajo, Podemos se consolida como cuarta fuerza política. La pugna de verdad, a tenor de las encuestas va a ser la conquista de la medalla de plata; es decir, entre PSOE y Ciudadanos. Sea cual sea el resultado, en esta pugna, Ciudadanos siempre resultará “ganador” en la medida que cuando se parte de cero, cualquier peldaño que se suba es un logro.
En esta cuenta atrás, el PSOE lo tiene más complicado. Dirán una y mil veces que pueden ganar, pero muy excepcional tendría que ser su campaña y muy mala, malísima, la del PP para que Sánchez supere a Rajoy. El test de Sánchez es la comparación que se hagan de sus resultados con los obtenidos por Rubalcaba. Hay que indicar que el panorama no es el mismo. Sánchez tiene que batallar con adversarios ignotos en la etapa de su antecesor, pero si, por ejemplo, en Madrid la lista socialista quedará la tercera como muchos socialistas se temen, la noche del 20-D en Ferraz veremos caras de amargura.
A todos les gusta decir que la encuesta que importa es la de las urnas, pero lo cierto es que las encuestas, todas, crean ambiente y si para el PP los resultados nada van a tener que ver con los obtenidos hace cuatro años, todo apunta a que el PSOE va a tener muy complicado esquivar una auténtica crisis interna. Queda campaña por delante y se presenta especialmente decisiva. Los expertos aseguran que en el mejor de los casos pueden modificar o mover un 2% del electorado que, dada la situación, no es poca cosa y nadie puede ni debe descartar sorpresas de última hora pero estas sorpresas nunca serian capaces de dejarnos sin aliento.
Lo que queda descartado es una mayoría absoluta, cosa que en nuestra democracia no es algo ex novo, ni es inédito que haya cuatro fuerzas en liza, ni un experimento sin precedentes los pactos para poder gobernar. Lo nuevo es que los partidos nacionalistas van a perder la relevancia que han tenido a la hora de conformar mayorías, que se ha impuesto un nuevo estilo, que las redes sustituyen a los mítines, que los platós de televisión han adquirido una importancia hasta ahora desconocida y que la opinión pública de hoy tiene unos referentes, unas herramientas que hace 30 años no existían. Vienen tiempos en los que el pacto va a ser indispensable pero que nadie se engañe, las derrotas nunca son dulces. Las derrotas, son derrotas y las victorias, victorias.

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