De Ortigueira al cielo

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Recibo con gran tristeza, por medio de un amigo común, la noticia del fallecimiento de D. Juan Luis Pia Iglesias. Para muchos conocido como “el magistrado del Prestige”, para mí, compañero de tertulias muchos años atrás. 

Estupendo conversador, de esos pocos que dominan tanto o más el arte de escuchar que el de decir. Su cabeza era más veloz que su palabra, que contaba con la pausa precisa con que vencer al desatino. Nunca le abandonó una chispa de rebeldía serena, siendo como era, poco amigo de las imposiciones. 

Magistrado de toga amable, de trato cercano y respeto inquebrantable por la abogacía. Estoy convencido de que, en más de una ocasión, le habría encantado cambiarse los zapatos con el abogado de la defensa. Qué sensación más hermosa para cualquier afanado defensor, el saberse atentamente escuchado por quien conoce, comprende, respeta y valora tu posición. 

Ortigueira, su Santa Marta Ortigueira, nunca antes tuvo tan gran embajador como su honroso pregonero, honor que tuvo hace ya unos cuantos veranos. Le acompañaba en esta tarea otra ilustre ortegana, Dña. Mercedes Suárez, abogada de pro. Escucharlos a ambos conversar sobre su pueblo natal era sentir la pasión pura del amor por una tierra. Era como sentarse en Loiba a disfrutar de la brisa, el acantilado y el mar.  

El cine y la lectura alimentaban su espíritu de gran conversador. Nunca le faltaba un recuerdo, visto en una pantalla o leido en las páginas de un libro, con el que ilustrar un argumento. Si, de aquellas horas de radio compartidas durante años, a las que también asistían ilustres como D. Miguel Lorenzo Torres (abogado y hoy senador) no aprendí nada, solo puede ser responsabilidad mía. 

No obstante, ni el brillante desempeño de su carrera profesional, ni sus aficiones, pudieron hacer jamás sombra a su verdadera pasión, la que transmitía cada vez que hablaba de su mujer, de quien era raro no verlo acompañado, y de sus hijos, a quienes lamento no tener el placer de conocer. 

A ellos mi cariño, mi respeto y mi amistad. 

A Juan Luis, descansa amigo, que volveremos a encontrarnos. 

De Ortigueira al cielo