LA PIERNA ENCIMA

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Quién me pone la pierna encima? Es la pregunta que subyace en el subconsciente de los nadadores  españoles. Finalizado el Mundial –Kazán 2015– con grandes actuaciones y excelente marcas, nos preguntamos por el “spanish swimming team”. A pesar de los records mundiales y excelentes marcas, como dije anteriormente han sido unos campeonatos con el freno de mano, o más bien el punto de partida al año olímpico: ya estamos en la cuenta atrás.
Podemos sacar conclusiones del trabajo de los tres últimos años –desde Londres 12– y cada uno sacaríamos el entrenador que llevamos dentro para esas valoraciones, pero el algodón no engaña y todos pudimos ver equipos muy bien armados y  con grandes figuras (Australia, Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia, Rusia, China, Japón), los clásicos con grandes figuras pero sin equipo (Hungría, Lituania, Grecia, Holanda, Sudáfrica…) y los que yo denomino países emergentes. Me han llamado poderosamente la atención Suecia, Cánada, Dinamarca, Bélgica, Polonia, Singapur... ¡Puff! La que nos espera en Río 16.
Aquí seguimos a lo mismo, una estructura de competición arcaica y obsoleta, una forma de hacer las selecciones hermética, donde no se busca la competitividad entre nuestros deportistas y, claro, veinte  años haciendo lo mismo y el resultado no puede ser otro. Dependemos de la estrella emergente del momento (¡¡enhorabuena Jessi!!). Porque no dejamos que nuestros nadadores crezcan deportivamente solos, que fluya por su interior natación, ganas de entrenar y disfrutar de la competición, porque queremos que crezcan en el estrés y la angustia permanente de hacer una mínima para esto, una mínima para lo otro. ¿Por qué?  Dejemos que cada nadador desarrolle el talento que lleva dentro. Me gustaría que mi país fuese una potencia y estoy seguro que tenemos material humano para ello, pero creo que nos faltan mimbres de estructura y mucha paciencia y para ello, a cambio, nos sobran egos y envidias. 

LA PIERNA ENCIMA