La clave gastronómica de la teoría de la evolución

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EN tiempos de Charles Darwin no existía FAO, la división de la ONU para la alimentación, que recomienda incluir insectos en el menú: alacranes á feira, escarabajos al pilpil, hormigas flambeadas... Qué suerte tuvo el padre de la teoría de la evolución de vivir antes de que se produjese semejante recomendación. Pero él ya experimentó bastante con las gastronomía. Andar por el mundo dando tumbos reduce las posibilidades de encontrar un buen restaurante, incluso una casa de comidas, así que Darwin se jalaba lo que tenía a mano: búhos, roedores, armadillos... y hasta 49 tortugas gigantes –no todas juntas, claro– que calificó como “exquisitas”. A ver si fue por comer esas por lo que se le ocurrió asegurar que el hombre desciende del mono.

La clave gastronómica de la teoría de la evolución