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Concepción Arenal (y II)

l morir su padre, la madre y sus tres hijas se trasladan a la casa de su abuela paterna en Armaño, Cantabria. Allí muere una de sus hermanas, muerte que añadida a la de su padre estará en la base del sentimiento trágico de la vida que conformó su personalidad. Y comienza así el largo peregrinaje de su vida por distintos lugares porque cinco años después se traslada a Madrid, donde muere su madre. Ante la nueva pérdida, sufre al mismo tiempo la amargura de cierto sentimiento de culpabilidad por sus desavenencias con ella. Tiene veinte y un años, está libre y su afán de saber motiva su asistencia a clases en la Universidad, vistiendo una simple indumentaria que le daba apariencia masculina, quizá por el rechazo que le suscitaba la tradición estética femenina que su madre encarnaba, sino también por la prohibición a las mujeres de acceder a la Universidad.
Y ya siempre adoptará un sencillo atuendo carente de toda coquetería, lo que no impidió su atractivo, basado en su talento y su belleza. Tuvo múltiples relaciones amistosas con destacados intelectuales y se casó con un abogado prestigioso, Fernando García Carrasco, con el que tuvo tres hijos, de los que la mayor muere a los dos años. La muerte le persigue porque seis años después muere su marido. Dejó escrita su reflexión ante tanta desgracia, “el más feroz animal no atormenta tan horriblemente a su víctima antes de inmolarla como la Naturaleza al hombre antes de volverle al polvo de dónde salió”. Como consecuencia se intensificó su sentimiento trágico de la vida y sufrió depresiones, pero también superó su dolor considerando que enseña al individuo a superarse y a mejorar éticamente. 
Entabló amistad con Juana de Vega, condesa de Espoz y Mina, con la que coincidió durante su estancia de cuatro años en Coruña, empatizando totalmente en su dedicación a la beneficencia, tema que Arenal abordó ampliamente en el plano teórico, aportando nuevos enfoques muy pensados desde el punto de vista ético, siendo sus obras muy valoradas en toda Europa. Además de sus colaboraciones en la revista “La Iberia” y después en “La voz de la caridad”, escribió “ La beneficencia, la filantropía y la caridad”, “El visitador del pobre”, “Cartas a un obrero”, “Ensayo sobre el derecho de gentes”. A pesar de su preocupación por estos temas que hoy tendrían más un carácter político, ella rechazó claramente la actividad política y pese a su avanzado feminismo, no estaba de acuerdo con la participación de las mujeres en la política. Su originalidad de pensamiento en los temas penalistas, en los derechos humanos o en la igualdad de la mujer fue motivo de admiración por parte de muchos contemporáneos y recibió diversos premios que no iba a recoger, ya que aunque era consciente de su valía, nunca tuvo ánimo de figurar y era de una extremada discreción. Su máxima tan repetida “Odia el delito, pero compadece al delincuente” trascendió incluso a la literatura, como se refleja en “La familia de Pascual Duarte” de Camilo José Cela. 
“La mujer del porvenir” , “La mujer en su casa”, “Estado actual de la mujer en España” o “La educación de la mujer” contienen sus ideas feministas, de una gran importancia histórica y valentía por su parte. Incluso con su imagen ha marcado una pauta que más de un siglo después no ha llegado a implantarse ya que rechazó toda la frivolidad y esteticismo imperante en el mundo femenino que tanto tiempo nos hace perder a las mujeres pero que también tiene su lado positivo dada la implícita valoración de la belleza. Esta postura radical suponía un rechazo hacia la tradición femenina y de la mentalidad materna, habiendo sido la causa de los enfrentamientos con su madre, ya que dada la tradición de su sector social, no admitía el comportamiento de su hija. Frente a las bases ferrolanas de su obra, el racionalismo y la religiosidad, por el contrario reacciona contra la tradición estética femenina ferrolana hasta un extremo insólito. 
Todavía tuvo que sufrir una nueva muerte de un allegado. Muere uno de sus dos hijos, Ramón, cuando ya ella tenía 64 años. Tuvo la suerte de vivir sus últimos años con su hijo Fernando, muy unido a ella y con el que vivió en distintas ciudades hasta su muerte a la edad de 73 años. 
Es motivo de reflexión el por qué las tres mujeres más destacas del siglo XIX en España, Concepción Arenal, Rosalía de Castro y Emilia Pardo Bazán, hayan sido gallegas. También es destacable que algunos de los grandes escritores contemporáneos, Valle Inclán, Cela, Cunqueiro y Torrente Ballester lo sean. Todos ellos, hayan escrito en gallego o en castellano, son profundamente gallegos, (asi lo consideraba Castelao respecto a Valle Inclán), ya que en sus obras late la tradicional cultura gallega. 
Hay paralelismo entre Emilia Pardo Bazán, Rosalía de Castro y Concepción Arenal . Si bien dijo Concepción Arenal que “la formación que se da en España a las niñas es el arte de perder el tiempo”, ya que era prácticamente nula, las tres eran de familia noble y en el ámbito de su clase, sus padres recibían formación cultural que en mayor o menor medida compartían con sus hijas. Dada su inteligencia natural terminaron teniendo una amplia preparación cultural que se refleja en su obra, como lo era el conocimiento de las distintas corrientes filosóficas de la época. Las tres tuvieron una relación próxima con el krausismo, importado por la Institución Libre de Enseñanza, caracterizado por el liberalismo que Rosalía radicaliza por la influencia del republicanismo de Murguía, su marido. En las tres la religiosidad recibida en su educación ha sido un componente importante de su personalidad, con un hondo sentido cristiano en Concepción Arenal, aunque en ninguna de ellas les impedía ejercer su sentido crítico hacia la Iglesia Católica.
Desde su posición de clase, se explica que rechazasen tanto la nueva clase burguesa, (desde un punto de vista más social que político, de crítica al nuevo rico), como las nuevas tendencias políticas radicales a favor del proletariado. Y las tres fueron fervientes defensoras de la igualdad de las mujeres. Pero entre Concepción Arenal y Rosalía de Castro el paralelismo es mayor. Ambas fueron defensoras de los necesitados y tienen un sentimiento trágico de la vida que ha sido explicado por distintos factores: entre ellos la psicología galaica o el fracaso de sus ideologías. Pero las particulares circunstancias de la vida de ambas son suficiente causa. La muerte les asedió y en el caso de Rosalía, además de habérsele muerto también dos hijos, el estigma de haber sido hija de soltera y además de un cura, era suficiente en la época para considerar la vida un valle de lágrimas. La “negra sombra” de Rosalía se acentuó con sus enfermedades, y en los últimos años con el tema del gallego, por lo que decidió no volver a escribirlo. Por todo ello, Torrente Ballester afirma que ha sido la experiencia humana de Rosalía la base de su obra. De todas formas Rosalía y Concepción Arenal superaron las amarguras con su talento y su creatividad. 
Es un honor para Ferrol haber sido la cuna de Concepción Arenal y fuente en cierta medida de su pensamiento. En homenaje se le dedicó una de las mejores esculturas que decoran la ciudad, obra del importante escultor ourensano 

Concepción Arenal (y II)

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