UNA FICCIÓN VEROSÍMIL

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Circula por la red un vídeo que parodia los resultados de las próximas elecciones generales y da como ganador a Podemos. En la noche electoral, concluido el escrutinio, un Rajoy entristecido, apremiado por la vicepresidenta, va a felicitar a Iglesias que le sirve un café “venezolano” y le responde cortésmente: “Gracias a ti, Mariano. ¡Si nosotros no hemos hecho nada, lo habéis hecho todo vosotros, nos lo habéis puesto a huevo!”. Las escenas del vídeo y la sentencia de Iglesias “lo habéis hecho todo vosotros” son válidas también para el PSOE. Solo hay que buscar a otros actores para que interpreten los papeles de Sánchez y Luena.  
Creer en el triunfo de Podemos es, de momento, un acto de fe. Pero viendo la trayectoria de los dos partidos mayoritarios y después de lo ocurrido en Grecia, la ficción del vídeo no solo es verosímil, sino que puede convertirse en realidad.
Primero por el ocaso de los viejos partidos que atraviesan una grave crisis de confianza mientras se produce el auge de partidos populistas. “Muchos votantes que se inclinaron por la opción segura la última vez pueden perderle el miedo a lo desconocido”, dice “The Economist”, que también resalta que están calando hondo y entre mucha gente los mensajes anti austeridad y hay una resistencia cada vez mayor a las políticas dictadas por Bruselas. Esto explica el terremoto político del domingo en Grecia que puede tener un efecto contagio en España y en otros países.
 También juega a favor de Podemos el hecho de que el PP y el PSOE aparecen ante el electorado divididos internamente, desconectados de las bases y sin haber hecho la regeneración y limpieza internas para erradicar la corrupción y recuperar los valores éticos y sociales que reclama la gente, que también les considera culpables de causar enormes desigualdades sociales con las políticas aplicadas en su gestión de la crisis.
Por eso, más allá de la ficción, si el PP y el PSOE quieren evitar el triunfo de Podemos, antes de arremeter contra esa fuerza emergente deben regenerarse y buscar alternativas a la austeridad, que las hay, pensando más en los ciudadanos que buscan refugio y acomodo en nuevas políticas que repartan equitativamente los sacrificios de la crisis y los beneficios del crecimiento. Si no espabilan, uno de los dos –o los dos– pueden acabar como partidos bisagra en lugar de ser alternativa de gobierno.

UNA FICCIÓN VEROSÍMIL