REYES MAGOS

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La de ayer fue una noche mágica. Un año más, y pese a las dificultades de todo tipo, los niños consiguieron contagiar la ilusión a sus mayores esperando la llegada de los Reyes Magos a los que, en esta ocasión, acompañó además un tiempo espléndido. La cabalgata de Ferrol llenó las calles de bullicio y nerviosismo. También de caramelos, que llegaron a distraer la atención de los pequeños de Sus Majestades de Oriente. Para los niños, la víspera de Reyes es un día de balance, de hacer memoria sobre los fallos que han cometido y de buenos propósitos para tratar de que Melchor, Gaspar y Baltasar sean indulgentes. Aunque sea con distinta finalidad, los mayores suelen dedicar a estos menesteres el primer día del año, de modo que, llegado el seis de enero, algunos ya han olvidado sus recién adquiridos compromisos.

Y dicho esto, y aún reconociendo que la crisis aprieta y que la situación no está para gastar en “fuegos de artificio”, hay que lamentar lo pobre de la cabalgata de este año en Ferrol. Únicamente dos carrozas acompañaban a la comitiva de los tres Reyes Magos. El resto eran los vehículos que tradicionalmente participan en la cabalgata de manera desinteresada: los bomberos y la Armada. Hasta los niños se sorprendían de lo rápido que había pasado y los mayores comentaban que casi era más larga la cola de vehículos de emergencias (policía local y ambulancias) que la que componía la corte de Sus Majestades de Oriente. El coste fueron 24.000 euros, una cantidad que parece que debería haber lucido más.

 

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