Los tiempos de Nerón

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Apesar de la fama, casi indiscutible, que tiene el Imperio Romano como una de las etapas más gloriosas y prosperas de la historia, cualquiera que la conozca y estudie con algo más de profundidad de la habitual, sabe perfectamente que no es enteramente cierto. Al margen de la esclavitud en que vivía una porción enorme de su población, se trata de una de las tiranías más feroces y absurdas que ha vivido la humanidad. Del elenco de sátrapas y tiranuelos que en el mundo han sido, Roma aporta un buen ramillete de los más cualificados, que dejan en mantillas a los de cualquier otra época. Frente a Calígula o Nerón, por citar sólo a dos de los más famosos, Atila y los hunos fueron monjitas de la caridad. Ni siquiera Gengis Kan y sus mongoles dieron muestra de tanta inhumanidad como aquellos emperadores tan civilizados. Sería necesario llegar a Hitler o a Stalin para encontrar algo parecido y sangriento.
No voy a hacer un elenco de los grandes genocidas de todos los tiempos, pero seguro que Nerón se llevaría uno de los principales premios. Era el fruto de una sociedad corrupta e inhumana que había dado la espalda a los principios y planteamientos originarios de tiempos de la Republica, anteriores al Imperio. Éste último no fue otra cosa que una tiranía militar dispuesta a conquistar el mundo a sangre y fuego, matando y triturando todo lo que se le opusiera. Eso sí, se ganó la fama del éxito, sacralizada muchos siglos después, durante el Renacimiento, por quienes no habiendo padecido su tiranía, sólo vieron en sus métodos de control y explotación un gran éxito de la civilización.
Hoy, frente a otras supuestas épocas de barbarie, como el medievo, Roma sigue con su fama imperecedera. Ver a Nerón tocando el arpa y quemando Roma en las películas nos hace hasta cierta gracia. Pero esa visión tan ridícula y hasta cierto punto falsa, oculta un ser cruel y despreciable, cuya mayor gloria fue impulsar la persecución contra judíos y cristianos, los únicos que se oponían a la degeneración y a la barbarie. Una persecución sangrienta, acorde con los tiempos, que duró casi trescientos años e incluyó todo tipo de martirios, físicos y morales. Según la versión oficial los cristianos, no Nerón, incendiaron Roma y envenenaron las aguas del Tíbet, y mataron niños y comieron carne humana y no se sabe cuántas cosas más. El populacho inculto y tiranizado no tuvo piedad con ellos, tampoco las autoridades que los echaron a los leones. No faltarían apostasías y casos de verdadera corrupción entre cristianos, que sirvieron a los demagogos, al igual que ocurre hoy, para justificar sus campañas de difamación, como si los únicos pederastas o pecadores salieran de sus filas.
 

Los tiempos de Nerón