El estado de la oposición

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Han visto qué simpática estoy hoy? El doble sentido del titulo no tiene desperdicio... Vaya por Dios. No sé si recuerdan que hace unos meses me puse yo a recapacitar acerca de los opositores. Pues bien, a todo cerdo le llega su San Martín y aquí una más que se suma a ese gran grupo de sufrimiento y tesón. Éa. La cosa es que debido a esto, últimamente acudo mucho a bibliotecas y salas de estudio universitarias para chapar mis apuntes porque yo en mi casa si no, no hago nada. Que si barro el suelo, que si voy a merendar, que si me veo un capítulo de cualquier cosa en Netflix, que si reflexiono acerca de la mala orientación que tiene el difusor del ambientador... tontunas.

Procrastinar que se dice ahora que somos todos tan cultos y modernos... vaguear de toda la vida, vaya. Así que como me lío con nada y no me aprendo ni media línea, me meto en las salas comunes éstas y todos a una como Fuenteovejuna. Eso, en teoría. Porque allí la peña va a cualquier cosa menos a estudiar. Real. 

Hace unos años, cuando yo estaba en la universidad, la mayor parte de la gente que veía por esos sitios tenían entre 20 y 30 años, pero es que ahora la mitad de los que me encuentro andan por 16. Y claro, digo yo: ¿qué te mandan estudiar en tu instituto como para tener que irte a encerrar en una biblioteca? Pues nada, señores, porque de hecho esa gente planta sus cosas encima de la mesa, se sientan media hora de reloj mientras revisan el móvil y luego se van a hacer un descanso, merecidísimo por supuesto después de tan arduo trabajo, y dos horas les dura... Para cuando vuelven ya casi se tienen que ir a cenar. Yo este sistema, rentable para aprobar, no lo veo la verdad. Pero claro, me imagino que a ellos lo único que les interesa es tener una excusa que contarles a sus padres para poder irse de casa y echar el rato con los colegas sin dar ni un palo al agua. Ya probaran ciudadanía o naturales leyéndolo el día anterior al examen, claro que sí.

Luego están los que son algo más mayorcitos, pero no responsables, porque su único afán es ligar. Y pensarán que esto me lo estoy inventando, pero no. Yo he visto hasta un grupo de Whatsapp para poner en común a la gente que suele ir a una determinada biblioteca de Coruña y a partir de ahí, lo que surja. Y yo que no me echo novio ni así.

Pero por lo menos me río, porque aunque mis descansos duren mucho menos que los de otros, toda esa fauna mola mogollón.

El estado de la oposición