La deserción que dejó a María García sola ante el peligro

EL cheiro a Bens parecía Chanel número 5 en comparación con el tufillo que desprendía el debate organizado por la Asociación de Emprendedores de Galicia (Ascega). Allí estaba la concejala de Bienestar Vegetal, María García, biotopo pata negra, que es verdad que mata la mala hierba –hierbas espontáneas, dice ella– con vinagre y al pasear por la ciudad uno tiene la impresión de que se ha caído en una ensaladera, pero allí no olía precisamente a ácido acético. Fedía a otra cosa, a miedo, ya que García compartía escenario con los portavoces municipales del PP, el PSOE y el Beneguai. El cuarto invitado era lógicamente Xulio Ferreiro, el Varoufakis de A Gaiteira, pero con un pase mágico modelo correbola había lanzado a la concejala a ocupar su asiento. Un alcalde no está para pasar malos momentos. Y la verdad es que acertó, porque a la concejala le cayeron palos por todas partes, pues tanto los grupos municipales como los empresarios coincidieron en que la gestión de la Marea, nasía pa’ganá, es mala en todos los ámbitos. A ver si van a tener razón.

La deserción que dejó a María García sola ante el peligro

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