AÑO NUEVO

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Empezamos año nuevo. ¿Que nos deparará? Cuáles serán sus devenires. En el orden económico se coincide en afirmar que será el inicio del fin de la crisis que empezó a asomar por el año 2008.
De manera sesgada, primero,  y entrando a saco después, destruyendo empresas y con ello miles de puestos de trabajo, hasta dejarnos en más de seis millones de parados. Cifra que fue reduciéndose a base de contratos precarios y desligados de las garantías que en otros tiempos gozaban los trabajadores. Surgió  la figura del trabajador pobre. O el pobre trabajador,  que con su escaso salario subsiste gracias a los comedores sociales.
Por lo tanto, la prudencia es una buena virtud,  y la bonanza económica será lenta y farragosa. Si bien todo apunta a que las economías mundiales experimentarán un crecimiento y con ello se irá perdiendo el miedo al desastre.
En este año nos esperan, en nuestro país, dos procesos electorales que pueden cambiar el panorama político,  o dejarlo como estaba. Aquí sí los ciudadanos tienen una importante tarea.
El balance político del año 2014 no es demasiado satisfactorio. La corrupción marcó la agenda, resaltando los escándalos en las más altas instituciones del Estado. La Corona y el Gobierno se han llevado la palma.
La primera porque,  en este año veremos sentada en el banquillo a la hija del Rey y, la segunda, porque el caso Gürtel, a pesar de las “mentiras” de Bárcenas, se está llevando por el sumidero a los más altos dirigentes del partido popular. Y no se ha llevado al Presidente por esa elasticidad propia de los populares. Esa goma que da de sí hasta el infinito, negando las evidencias. En ninguna empresa sería excusa que un tesorero respondiera de unos hechos delictivos y el jefe se saliera de rositas.
Por eso, este año que comienza será posiblemente la plasmación del hartazgo de los ciudadanos.  2014 ha sido un año pródigo en acontecimientos. El Rey inició su mensaje de Nochebuena hablando de la corrupción. Hizo bien, porque, por detrás del paro, es el segundo problema de España para los ciudadanos.  
Y es que esta preocupación se deriva en gran parte de la carente autoridad moral del gobierno existente, y de su legitimidad a la hora de imponer sacrificios económicos a la población.
Esta elite conservadora,  autoritaria y católica no cree que el Estado y su gobierno deban ser ejemplos de atención al bien común, sino solamente a los intereses de su reproducción y mantenimiento de sus privilegios: el generoso régimen retributivo que fijan a su libre albedrío, escandalosamente por encima de los salarios medios del país. Eso, sin contar con sus  suplementos, complementos, subvenciones o gastos de representación de los que disfrutan.
Forman un grupo profesionalizado y cerrado en sí mismo, a gran distancia de los que dicen representar,  a los que  ignoran, pero de cuyos impuestos se nutren. Políticos  que usan y controlan la economía para controlar a los ciudadanos, y hacer creer a estos que gracias a su gestión aquella progresa, cuando la realidad es otra: la economía y los ciudadanos con ella, progresan a pesar de sus políticos.
Por lo tanto, no sorprende el auge de nuevas fuerzas políticas. Se está perdiendo la costumbre española de ser gobernados por incompetentes, caciques y corruptos que no se ven obligados a dar explicaciones de sus actos ni aceptar sus consecuencias.
Cualquiera puede ver que, si se quiere acabar con la corrupción no hace falta acumular leyes, sino que basta con rendir cuentas depurando  responsabilidades por los comportamientos, ilegales o inmorales, pero en todo caso ajenos a la probidad de un gobernante.
Bárcenas y la Gürtel, Caso Nóos, Púnica,  dimisiones,  escándalos y hasta Nicolás,  el niño de los cojones.  Todo apunta a que el 2015 será un año rico en acontecimientos, como lo ha sido el 2014.
Mientras, los de a pie, seguiremos naciendo, creciendo, amando, sufriendo y muriendo. Y esta será obviamente nuestra principal preocupación, después de las otras.
Emma Gonzalez es abogada

 

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