El requiem por un robot

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YAO es un robot al que le queda muy poca vida. No por que Sofia la humanoide haya ampliado su lista de candidatos al exterminio, en la que figura, según su propio testimonio, “toda la humanidad”. Tampoco por que lo haya elegido para reproducirse, otra de sus aspiraciones, y esté dispuesta a destrozarlo intentando que la deje embarazada, cosa harto difícil, sino porque ha sido elegido para inaugurar unas jornadas sobre automatización organizadas por la Universidad de Vigo. ¡Cabe afrenta mayor al todopoderoso Caballero, don Abel! Un acto relevante que se celebra en la ciudad olívica y en el que él no es el protagonista... Tendrá que volver a colgarse del cinto el Magnum 45 con el que impone la ley a este lado del río Lagares –“Voy a acabar con la inseguridad en las ferias. Los delincuentes no van a tener respiro”– y demostrarle al rector, Salustiano Carro, que al final es el responsable último de cuanto ocurre en la universidad, que quien manda manda. Llegar a ser alcalde absoluto no se consigue siendo un tibio.

El requiem por un robot