Pobreza

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a pobreza, nos guste o no, está visible y es bastante ostensible en nuestras calles. Esa es la que vemos y con la que no encontramos con bastan te frecuencia. Pero hay otra pobreza: la que permanece oculta en muchos hogares. Todo esto nos tiene que hacer reflexionar sobre todo este domingo cuando celebramos la Jornada Mundial del Pobre con el lema “Tiende tu mano al pobre”
En los últimos tiempos se han intensificado las colas de pobreza acudiendo a los centros de las entidades, ongs e instituciones que intentan ayudarles para que diariamente puedan llevarse comida a su casa; esa comida de la que carecen por la situación tan grave que estamos atravesando motivada por las repercusiones que produce la situación sanitaria de la pandemia. 
Los pobres, nos guste o no, son ese colectivo que están y estarán siempre, por desgracia, entre nosotros asumiendo rostros diferentes, que requieren una atención especial en cada situación particular. Una situación que nos hace elevar nuestro tono de voz y hacernos preguntas concretas: ¿Cómo podemos ayudar a eliminar o al menos aliviar su marginación y sufrimiento? ¿Cómo podemos ayudarles en su pobreza?
Los pobres no son números. Los pobres son personas a las que hay que ir a encontrar para prestarles nuestro apoyo y ayuda más sinceros. Son jóvenes, son ancianos, son hombres, son mujeres y son niños, que esperan no solo una palabra amistosa sino toda nuestra ayuda en estos momentos tan difíciles que estamos sufriendo. Nada que afecte a los demás nos puede resultar ajeno. Debemos tender la mano, acortar las distancias, para de este modo ver la realidad concreta que están viviendo muchas personas. Una realidad que día a día se acrecienta entre los que carecen, muchas veces, de lo más necesario. Nos guste o no la pobreza existe en nuestras calles. Y todos, dentro de nuestras posibilidades, tenemos que aportar lo necesario para que se vaya erradicando.

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